Está claro que uno de los mayores activos con los que George Bush sigue contando para contrarrestar el descrédito que la guerra de Irak le ha producido entre sus compatriotas es el temor al terrorismo que continúa marcando la política norteamericana. Y eso explica por qué el Congreso ha acordado prorrogar la polémica patriot act, la ley que confiere poderes extraordinarios al Gobierno y que se aprobó en medio del terrible impacto social que produjeron los atentados del 11-S del 2001. De "victoria significativa y sorprendente" de Bush ha calificado el hecho THE NEW YORK TIMES. "Es un espaldarazo que ayudará a Bush a recuperar su imagen de firme comandante en jefe de la lucha antiterrorista", ha dicho THE WASHINGTON POST tras subrayar que el acuerdo de la Cámara de EEUU recorta algunos de los poderes que la ley confería al Gobierno y que también permite una mayor intervención de la justicia a la hora de la publicidad de las actuaciones contra ciudadanos corrientes. "Pero los aspectos más controvertidos de la ley siguen intactos", añade el Washington Post.
Lo de Irak es otra cosa. Y así lo confirma el editorial que The New York Times ha dedicado a la enmienda aprobada el martes por el Senado para controlar la política de la Casa Blanca en Irak: "Bush ha perdido la confianza de los norteamericanos, y la de su propio partido, en lo que a la gestión de Irak se refiere. Si quiere recuperarla, habrá de fijar claramente qué espera, tanto militar como políticamente, del Gobierno iraquí. Si los iraquís no cumplen esos objetivos, el precio será la retirada norteamericana. Si el que falla es el presidente, la consecuencia se verá en las legislativas dentro de un año".
Y ahora, dos apuntes editoriales sobre la reforma constitucional que acaba de aprobar el Parlamento de Roma y que refuerza, de modo sui generis, el federalismo en Italia. Han sido publicados por los dos mayores y más influyentes diarios del país. El del CORRIERE DELLA SERA lleva la firma de Sergio Romano: "La reforma federal aprobada por el Parlamento puede ser la más efímera de la historia constitucional italiana. Ha sido apoyada por la mayoría en contra de la voluntad de la oposición, es mal vista por gran número de constitucionalistas y será sometida dentro de seis meses a un referendo de confirmación que podría demoler en un día lo que el Gobierno ha venido construyendo laboriosamente en toda una legislatura. ... En la última fase del Gobierno de centroizquierda (1996-2001), el Olivo consideró que un poco de federalismo convenía a sus intereses electorales, y sacó adelante deprisa y corriendo una modificación del Título V de la Constitución. Se añadía un poco de federalismo a nuestra Constitución, pero el primer ministro italiano seguía siendo uno de los que disponía de menores poderes entre los de las democracias europeas. ... Con la reforma del centroderecha el péndulo oscila al otro extremo. Tiene dos elementos: las regiones contarán con mayores poderes exclusivos y se recortan notablemente los poderes del Estado, pero también de ahora en adelante el primer ministro italiano se parecerá más al alemán o al español". Y esto escribe Andrea Manzella en LA REPUBBLICA: "Esta reforma constitucional durará sólo lo que dure la próxima campaña electoral y servirá únicamente para aplacar las tradicionales pulsiones separatistas del electorado de la Liga lombarda".

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