Qué gozo que a veces funcione la lógica, que un artista de la imagen se convierta en el vocacional biógrafo de un genio de la música, que la grandeza del investigador esté a la altura de su presa. Se veía venir. Martin Scorsese es un melómano de gusto inmejorable, alguien que ha mimado la banda sonora de nuestra vida introduciendo en sus películas los sonidos y las palabras que han definido en vinilo los sentimientos, vivencias y sensaciones de varias generaciones, ha producido excelentes documentales sobre el blues, dirigió ese emotivo y vibrante adiós a tantas cosas titulado El último vals.
En esta última aparecía la memorable actuación del monarca Bob Dylan, acompañado por The Band y deseándonos que fuéramos siempre jóvenes. Treinta años después, el hombre que filmó aquella ceremonia de despedida, el retrato de tantas cosas hermosas, hace un montaje en su estilo contándonos en paralelo la década prodigiosa de Dylan y su umbilical relación con la historia de Estados Unidos, entrevista a aquellos que tuvieron el privilegio de andar cerca de este alquimista de las palabras y de los sonidos, consigue que el huidizo e introvertido mito hable en primera persona con hondura y penetración, recuerde, dude, analice, narre.

Este tributo, testimonio, crónica, fresco, documental, o todo a la vez, que habrá que guardar como oro en paño y titulado No direction home no es un ejercicio de taxidermia, no pretende radiografiar con exactitud científica la mente y el corazón de alguien tan complejo como Dylan, pero ofrece los suficientes datos para que constatemos que la existencia de este señor es una de las mejores cosas que le ocurrieron al siglo XX, que expresó con poética de altura lo que sentía mucha gente.

Al principio del exquisito libro El álbum, que complementa las imágenes de No direction home, el hoy casi anciano autor de obras maestras como Highway 61 Revisited y Blonde on blonde, el simbolista, o surrealista, o expresionista, o críptico, o lírico, o volcánico creador de canciones que seguirán teniendo poder de seducción y removiendo fibras muy íntimas dentro de 200 años declara esto: «El destino es la sensación de que sabes algo sobre ti mismo que el resto del mundo ignora. La imagen de ti mismo que tienes en la mente acaba por hacerse realidad. En cierto modo, es algo que debes mantener en secreto porque es un sentimiento frágil y, si lo sacas a la luz, alguien lo destrozará. Más vale guardar todo eso dentro». Gracias a Scorsese, sabemos algo más de ese enigma épicamente creativo llamado Bob Dylan. Que nos dure mucho.