ASÍ ESTÁN las cosas en Francia. Se acabó el can-can y la ciudad del amor. Todo el mundo en casa y cuidado con salir, que los gendarmes de la libertad están para detener a los noctámbulos.
En Francia hay toque de queda. ¿Qué es el toque de queda? Imaginen la angustia. "¡Pierre! Has de bajar la basura, que la cocina apesta". Y el bueno de Pierre, a punto de la jubilación, en zapatillas y batín, llega a la calle con su bolsa de plástico para depositarla en el contenedor y ahí está la policía deteniéndole. "Igual que en mayo del 68. Sepa usted, señor gendarme, que debajo de los adoquines está el mar". Pero debajo de los adoquines no hay nada. Ésta es una revolución sin intelectuales, que es el peor escenario al que se puede enfrentar un Gobierno. Una revolución sin intelectuales no necesariamente es una revolución sin interlocutores. Los interlocutores siempre acaban saliendo. Lo que importa es saber si nos encontramos ante una verdadera revolución o ante una protesta que los medios de comunicación han alentado. Pero ni los medios de comunicación son los de antes ni los objetivos de la revuelta están tan blindados. Los medios de comunicación ya no son unas hojas volanderas que iban de mano en mano, sino los e-mails distribuidos de forma instantánea entre la gente. Y los objetivos revolucionarios ya no son la Bastilla, sino el primer aparcamiento público que encuentran los incendiarios. Será una revolución o una algarada. Pero Francia siempre es referencia de algo, ya sea de una revolución o de un movimiento artístico o del último tango. También de un toque de queda. O lo que es lo mismo: el miedo a la noche.
¿Qué tiene la noche que todos los gatos son pardos y que todos los peligros acechan? La noche es el momento en el que los ciudadanos se encierran en sus casas. Eso quiere decir que no hay mejor policía que los ciudadanos a la luz del sol y ocupando la ciudad. Una civilización de gente en la calle impide la barbarie, porque la gran mayoría está con el orden y protege con su presencia el mundo que le rodea. El toque de queda es una medida excepcional por la que se dice a la gente tranquila que se quede en casa viendo la televisión oficial y que, por defecto, todo aquel que ocupe el espacio público va a ser detenido como sospechoso. Cuidado con los toques de queda que impiden la última copa, el amor furtivo, la vida alegre, la soledad del enamorado, el paseo del perro, el repartidor de pizzas y la vida tras el trabajo. El toque de queda es una expresión fundada en la primacía de la productividad. Con el alba, las empresas empiezan su actividad, jamás cuestionada. Con la oscuridad empieza la sospecha y se detiene al que no cumpla su función de hormiga. Laboriosa de día y sumisa de noche.
Toque de queda. Veinte campanadas que en tiempos ancestrales obligaban a cerrar las puertas de las casas de los ciudadanos para que sólo la milicia campara por sus respetos por las calles. Si eso es orden, que baje Dios y lo vea. Vamos a pasear de día por los institutos y las escuelas del fracaso escolar. Vamos a presentarnos a una selección de personal para saber qué nos dicen. Nos han abierto horizontes y nos los han cerrado. Cuando la juventud no tiene nada más que hacer que esperar y desesperarse, ya sólo le queda la ira. En vez de policía, que venga alguien a buscar las causas.

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