Ahíto desde hace años de mesías, redentores, salvapatrias, caudillos, líderes, paladines, libertadores y protectores de todo pelaje y condición que realmente sólo se representan a sí mismos y a su escasa recua de interesados secuaces, pocas cosas puede haber que me indignen más que el que se utilice mi nombre, y el de muchas otras personas anónimas, en defensa de intereses espúreos que no lo son de la generalidad y sí de unos pocos privilegiados. Por eso, cuando escucho decir que, con los continuos cortes de carretera protagonizados por los sindicatos mineros, que tanto han perjudicado a tantísimas persona durante los últimos días, se está defendiendo a Asturias, se me revuelven las tripas. Los vándalos que han montado barricadas, cortado autopistas, quemado neumáticos y destrozado contenedores en todo el centro de la región, causando un tremendo perjuicio a miles de trabajadores que sí lo son y que no pudieron acceder a sus ocupaciones, nada tienen que ver con los sindicatos de clase y sí con la defensa de un status quo, el suyo, aunque esto suponga un grave perjuicio para el resto de los ciudadanos, vivan o no en las cuencas mineras. Actúan en nombre de la izquierda sindical y son lo más conservador que nadie se pueda imaginar porque tienen demasiados privilegios que proteger, aunque con ello perjudiquen a los que no son de su clase porque ni siquiera han podido acceder nunca a un trabajo mínimamente estable y razonablemente remunerado. Están a la derecha de la derecha más reaccionaria porque son ultranacionalistas, de las cuencas, y no dudan en utilizar la violencia cuando ésta conviene a sus fines. Eso sí, me parece bien la idea de Gabino de Lorenzo de concederles una plaza en Oviedo, no desentona en el callejero junto Alférez Provisional, División Azul, plaza de la Gesta y plaza de la Liberación.