Planteado así el debate, resultaría ahora procedente exponer, a grandes rasgos, algunas de las propuestas que han surgido en las reuniones del grupo social con el objetivo de conseguir que nuestra Cuenca sea un territorio generador de inversiones, riqueza y empleo. Para ello, en primer lugar, consideramos crucial dejar claro que el modelo desde el que se deben abordar las distintas políticas destinadas a nuestra comarca no puede ser un modelo localista y excluyente, sino, muy al contrario, ese modelo debe ser global y solidario, en el que las acciones concertadas para la Cuenca se enmarquen necesariamente en una política general para Asturias.
Dicho esto, cabe plantearse cómo repercute en nuestro territorio la política actual del Gobierno autonómico; política que apuesta por la llamada área central metropolitana y su desembocadura marítima a través de la ZALIA, como motores del desarrollo de Asturias, y en la que se relega a la Cuenca, al transformar en inversiones ordinarias unas ayudas estatales y europeas concebidas exclusivamente como adicionales, eludiendo así el compromiso presupuestario del Principado para con esta comarca y fomentando con tal política que nuestro territorio no pueda contribuir al desarrollo de la región, convirtiéndolo en un lastre o problema crónico de la misma.
Una de las asignaturas pendientes en el pretendido despegue de la Cuenca es el empleo, resultando imprescindible en este aspecto un cambio del modelo empresarial que implique un impulso decidido de las pequeñas y medianas empresas, así como la elaboración de una política que defina el papel del sector público y sus puntos de conexión con el sector privado.
Urge, además, la elaboración de políticas eficaces que complementen la formación, permitiendo el acceso a la financiación en las primeras etapas de la actividad empresarial. La carencia de capital productivo es un problema que no se resuelve con facilitar el acceso al crédito para poder financiar el despegue de una empresa. Apoyar y financiar la primera etapa de la creación empresarial resulta fundamental, y para ello podemos realizar algunas propuestas que deberían pasar por la concesión más ágil y menos burocratizada de las subvenciones y créditos, una mayor extensión del modelo capital-riesgo, una mayor predisposición a reformar las relaciones laborales, permitiendo que se establezcan fórmulas de participación accionarial de los trabajadores o que faciliten el acceso en condiciones ventajosas a los recursos productivos ociosos de las zonas rurales y urbanas de la Cuenca, de forma que se complemente la manida creación de polígonos industriales y centros de empresas.
En la actualidad la Cuenca constituye un lugar especialmente árido para que los jóvenes se desarrollen profesionalmente, por lo que deben promoverse desde la intervención pública políticas que contribuyan a la formación en los nuevos modelos ocupacionales a fin de posibilitar que los jóvenes adquieran experiencia profesional durante su etapa formativa con una mayor relación Universidad-empresa.
Sin duda, algunas de las dificultades para generar empleo en las Cuencas están directamente relacionadas con la falta de aprovechamiento de las potencialidades que éstas ofrecen y que, en general, se alejan del modelo industrial imperante en el siglo pasado, mostrándose, en cambio, más favorables para el desarrollo de un modelo terciario, turístico y agropecuario intensivo, que en absoluto resulta excluyente con el mantenimiento de gran parte de la industria tradicional existente, ni con la implantación de empresas de la denominada «nueva economía», que comienzan a llegar y a las que, por su compatibilidad con las potencialidades que ofrece el Valle, se les debe dotar de un entorno favorable que consolide su arraigo. A este respecto, el desarrollo económico que se proponga deberá resultar conciliador con el respeto al medio ambiente, sin duda, uno de los potenciales más importantes de esta comarca, y que lleva inherente una nueva forma de riqueza para la misma de la mano del aprovechamiento, siempre y cuando resulte sostenible, de los recursos naturales como puedan ser el agua o el sector forestal.
Por tanto, no sólo debemos impulsar un modelo económico coherente generador de empleo y que no suponga un menoscabo o deterioro de nuestro entorno, sino que debemos poner en marcha medidas conducentes a la recuperación del entorno paisajístico y medioambiental, pues aquí no podemos olvidar que la calidad de vida no sólo se erige en uno de los factores determinantes para fijar población, sino que constituye, en sí misma, una considerable fuente de riqueza al ser precisamente la población, la materia prima de la que se nutre el desarrollo del sector terciario. En este sentido, nuestra Cuenca requiere un urgente lavado de imagen que pasa por la ya apuntada regeneración paisajística y por la conservación medioambiental. Y es que, sin duda, uno de los recursos actualmente infrautilizados es el turismo, de ahí que debamos coordinar la oferta de forma mancomunada a través de la creación de una Agencia de Desarrollo Turístico mediante la que no sólo se potencie, sino que se armonice y vertebre, una oferta conjunta acorde con esa campaña de promoción que bajo el título «Asturias, Paraíso Natural» proyecta en el exterior una imagen de la región de la que, hoy por hoy, estamos excluidos, pues si bien ofrecemos en nuestra parte alta parajes de indudable belleza natural, mostramos en cambio en la puerta de entrada al Valle un desolador paisaje de ruinas industriales, escombreras e infraviviendas. Esta apuesta por el turismo debe conducir a tomar medidas que permitan erradicar la creencia generalizada de que «la Cuenca es fea», para matizar que lo que realmente ocurre es que «la Cuenca está fea».
Tomás Fernández Antuña es abogado y Enrique Fernández Rodríguez es profesor de Economía Financiera de la Universidad de Oviedo.

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