Una copa de cava es como la pipa de la paz entre los sioux y el Séptimo de Caballería. El anuncio de Freixenet de Demi Moore y Gabino Diego puede quedar para el año próximo. Hoy la estrella es Rajoy.

"Libiam ne' lieti calici che la bellezza infiora". Este fragmento de La Traviata de Verdi y libreto de Francesco Maria Piave es, sin duda, uno de los pasajes más conocidos de todas las óperas del mundo. Alfredo levanta su copa y mira con embeleso a Violetta y el coro concluye que bebiendo con amor entre las copas los besos serán más cálidos. Hace unos años, el anuncio que Freixenet nos ofrece por Navidad traía a la pantalla esta escena de La Traviata con Josep Carreras en el papel de Alfredo. Ayer el tenor fue Mariano Rajoy, con lo que se demuestra que lo que el Estatut destruye, Freixenet y los otros cavistas lo reconstruyen. Era un acto que tarde o temprano se tenía que producir. Parecía imposible que aquellos políticos que dicen estar en el eje de la prosperidad y a favor de los empresarios dejaran a unos empresarios a la intemperie de los boicoteadores alimentados, dicho sea de paso, por cadenas radiofónicas, periódicos, webs y televisiones regadas y abonadas con los mensajes de la FAES de turno. Una FAES que, por cierto, anunciaba ayer que eso del Estatut conlleva la poligamia y, naturalmente, la poliandria. Entre copas y admoniciones ante la concupiscencia y la promiscuidad, la verdad es que Rajoy y sus vedetes dieron un bonito espectáculo de reconciliación. ¡Cuánta razón tenía el tándem Verdi-Piave en su Traviata. "Libiamo, amor fra i calici / Piú caldi baci avra".

Besos cálidos, copas alegres. Ése es el talante de verdad de este país diverso. Ha bastado un rosario de burbujas para que el Partido Popular se haya congraciado con los empresarios de los productos más icónicos del imaginario catalán. Aquí, dicen, de lo que se trata es que los empresarios y todos sus trabajadores se ganen la vida. Con esta afirmación no hay nada que falle. Pero es que resulta que el Estatut también dice lo mismo. El Estatut reclama una mejor financiación para que los empresarios no tengan que pagar peajes, para que dispongan de carreteras y de medios de comunicación rápidos y certeros, para que sus ciudadanos no se vean constreñidos a una sanidad endeudada. Ganarse la vida no equivale únicamente a que los empresarios sonrían cuando las cosas van bien mientras se ven obligados a coger el puente aéreo para ir a visitar sus negocios allende los mares. Ganarse la vida es tenerla ganada de salida. Ganarse la vida es poder competir financieramente con otras empresas sin que a nadie se le ocurra decir que es mejor vender a un extranjero que a un catalán. Ganarse la vida es salir de casa con una cierta tranquilidad de que nuestros impuestos no van a servir para que se considere a los representantes de la voluntad popular como unos asesinos. Ganarse la vida es hablar como nos habló nuestra madre sin necesidad de pedir perdón. Ganarse la vida es tener la sensación de que la democracia sirve para algo y no para que la insulten. Se trata de unos cuantos brindis que ayer hubiera podido cantar Mariano Rajoy y su corte. Si el cava ayer sirvió para algo que se note en los próximos días. Ahí está el lobi cavista catalán en pleno proceso de autodefensa. Pero hay más cosas a defender. Que el cava sea el líquido alegre que haga los besos más cálidos.