Decía yo ayer al finalizar La Grada de los Leones: «En el restaurante La Ancha, Sanchez Llibre, de Convergencia, me dijo: 'Si sale el Estatuto así, será una puta mierda'». A las 10 de la mañana el teléfono retozaba; Sánchez Llibre me llamó. Dijo no recordar lo de la puta mierda ni su vaticinio. Ya me había extrañado que un catalán se expresara en madrileño; comprendí que después de que los convergentes cenaran con Zapatero la frase era inoportuna, sobre todo por castiza; el encantador diputado tiene miedo a que los de la camisa negra, que ya van de diseño, lo tomen por traidor, es decir, por castizo. En la cena de Moncloa, los convergentes fueron convencidos por Zapatero de que el Estatuto tiene redacción de síntesis y les rogó que se mantengan discretos hasta el día 2, porque Madrid está cargada de exhalaciones pérfidas y surgen conatos de motines; ha resucitado el alcalde de Móstoles y el de la Zalamea está en la Posada del Peine. Los diputados catalanes han vuelto a ver estos días aquella «blancura fosfórica en la cara de los madrileños» que describió Pla, mientras iban a quemar el convento de la Flor. Esta vez no están encabronados con los jesuitas, como entonces, cuando Madrid con churro en la boca incendiaba la República. Pero Zapatero sabe que Madrid está matando su política. Los de Convergencia lo tienen muy fácil porque si el Estatuto volviera a Barcelona, el castell se derrumbaría y Maragall se rompería la crisma; serían ellos los llamados para alzar una nueva torre humana. El Estatuto va a quedar como un monstruo después de la cirugía, pero no quieren pasar a la Historia como saboteadores. ¿Qué catalán inteligente no sabe que la burguesía catalana quiso dar el portazo a España? A pesar de la verborrea no olvidan que hasta Fernando VII se apoyó en los industriales del algodón de Barcelona, que Prat de la Riva dijo que nunca se irían si estaban bien en España y que los más esclarecidos piensan que o Cataluña salva a España o nos vamos todos a la mierda. Sólo los cretinos sueñan con un Luxemburgo, con una Caixa convertida en chiringuito y unos industriales que fabrican muchos calzoncillos y muchas botellas de cava pero que no tienen tantos culos ni tantos hígados.
Yo no quiero pasar a la Historia como anticatalanista; doy la frase por no oída.
Mi preocupación es Zapatero. De Zapatero podría escribirse lo que Larra dijo de Mendizábal; embozado en una nube (capa gitana): puede durar 15 días o más que un constipado mal curado. Como entonces, el aire que respiramos está envenenado, llega el azote magno, no el cólera ni los frailes, sino el Estatuto.
Zapatero, la bondad del despotismo ilustrado, la bondad de arriba abajo, ha encabronado a Madrid y puede terminar tan mal como el ilustrado Esquilache, el liberal Mendizábal o el republicano Azaña. O no llega al turrón o se eterniza.

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