«Un peuple a toujours le droit de revoir, de reformer et de changer sa constitution; une generation ne peut assujetir à ses lois les generations futures». (Art. 28 de la Constitution de la République française de 1793). La clase política debate sin cesar los cambios en los diversos estatutos de autonomía. Pero, llegados a un cierto nivel del debate, se corta el mismo contundentemente porque, dicen, las propuestas no se ajustan a la Constitución de 1978 y ésta no puede modificarse. Razón definitiva, las propuestas ni siquiera pueden considerarse. Con independencia de lo que se opine acerca del tema objeto del debate, resulta un argumento difícil de aceptar: ¿No es soberano el pueblo español para proporcionarse sus normas de convivencia política?, ¿qué tiene de sagrado la Constitución de 1978 para ser intocable? ¿Quién veta la posibilidad de cambiarla? Hace poco se planteó enmendarla para que en un lejano futuro no haya exclusiones a causa del género en el orden de sucesión a la corona, ¿por qué es imposible modificarla por otras cuestiones?, ¿qué pasará si surgen otros hechos que exijan cambiarla?
Aceptemos que por ser norma básica, no es conveniente que la Constitución sea sometida a frecuentes cambios. Pero desde 1978, han cambiado las circunstancias y han transcurrido años bastantes para justificar una revisión, incluso más amplia de lo que requerirían los cambios por la hipotética aprobación de los renovados estatutos de autonomía. A la mayoría de la población le parece que vive ya en otra sociedad: no percibe el franquismo incidiendo en sus vidas, o la democracia parlamentaria como frágil o vulnerable, al ejército determinando la política,... ¿por qué se presenta una modificación de la Constitución como capaz de alterar la convivencia de los españoles? Es preocupante que quienes manejan la opinión pública hayan optado por esta línea de actuación.Porque no es el pueblo español, en ninguna de sus autonomías, quien considera inalterable la Constitución de 1978. Es un sentimiento construido recientemente. En la mayoría de aspectos políticos y sociales nuestra opinión pública tiende a seguir a los líderes de opinión. Recuérdese la facilidad con que la sociedad española acogió un cambio tan complejo como el euro, el triunfo del referéndum por la OTAN o la propuesta de Constitución europea, cuando una sociedad volcada al no, votó afirmativamente. Y, sobre todo, evóquese la enorme transformación lograda en el proceso de Transición política. Un planteamiento más abierto, no daría lugar a tantas tensiones.
El ambiente de hostilidad, próximo incluso al odio, que se está generando entre la ciudadanía de los diversos territorios, se debe primordialmente a las feroces campañas, explícitas o soterradas, que muchos dirigentes políticos de diversos partidos y los medios de comunicación están llevando a cabo, presentando la hipotética necesidad de alterar la Constitución, como un caos para la convivencia.¿Por qué generan tanto miedo por este motivo? La población española vive en la normalidad y el pragmatismo ¿tienen los dirigentes alguna información más que les lleva a tener tanto miedo? Si en lugar de alarmar a la población con la idea que alterar la constitución supone graves peligros, optaran por presentarla como lo que es, una ley que ha de cambiar con la evolución de la sociedad y el paso del tiempo, podrían debatirse con calma las reformas que se proponen ahora. No se hace ningún favor al fondo de la cuestión mezclando ambos aspectos. ¿Por qué se hace así? La grave responsabilidad de alterar la sólida convivencia entre los españoles con estos tabúes, recae en quienes no tienen escrúpulos en utilizar cualquier argumento, aunque sea falso, para lograr otros objetivos.

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