Si usted se atreve a desplazarse un poco, un poquito nada más, hacia la izquierda (si acepta, le recomiendo que lo haga con ponderada prudencia, para evitar que le adjudiquen el sambenito de demagogo ) probablemente descubriría un panorama económico y social muy diferente del que habitualmente le describe la clase política. Descubriría, por ejemplo, que las palabras que utilizan para describirle el estado de la cuestión económica regional no se corresponden con la realidad de lo que ocurre. Lo que ciertos grupos, o camarillas, se empeñan en calificar de progreso económico y social, es simplemente el absurdo proceso de un desarrollo del propio subdesarrollo asturiano.

Veamos: la precipitada liquidación de la empresa pública, acusada ésta de ser la culpable de impedir el desarrollo industrial de Asturias al obstaculizar severamente el nacimiento de nuevas y modernas empresas ideadas por la iniciativa privada, sólo sirvió para provocar graves traumas sociales; las hipótesis con las que se pretende demostrar que el desarrollo de las comunicaciones es el factor clave para impulsar el crecimiento económico, son falsas; el culto --a veces, desmesurado-- a las figuras de ciertos empresarios; a los cuales, se les atribuye el milagro de que el nombre de Asturias aparezca incluido en el vocabulario toponímico del mapamundi de la Internacional Capitalista (o sea, la globalización económica ...) es, en la práctica, más una idolatría personal y, generalmente, interesada, que una devoción social razonable.

La historia del proceso para el desarrollo económico asturiano es, por ahora, la historia de la dependencia --a veces, parece una sumisión-- del poder político con respecto del poder económico. Este es el rasgo más característico del sistema capitalista: su enorme habilidad para aprovechar la economía convirtiéndola en un eficaz instrumento para lograr el dominio social.

"SOMOS UN país con poco sentido económico", decía en una ocasión don Alberto Ullastres, cuando era embajador de España cerca de la Comunidad Europea, y en este país le consideraban como el Ortega y Gasset de la economía española. Cuarenta años después de pronunciar aquella agudeza el hombre que encarnaba la inteligencia económica española llamando a la puerta de Europa, los asturianos no demuestran tener más sentido económico que el que tenían el resto de sus compatriotas en los años del desarrollismo español.

Siguen aferrados a los viejos mitos y defendiendo sus intereses personales, que, a veces, parecen comunes, a base de repetir las paradojas que les escuchan a quienes los gobiernan. Unas paradojas que, generalmente, son también las mismas que los políticos les han oído contar a sus aliados del capital.

No creo que nadie se sorprenda ya si descubre que los intereses de la clase política y los de la clase económica son, muy a menudo, convergentes. Ni que ambos exploten muy bien la mentalidad emocional de la sociedad asturiana que, como se sabe, es muy superior a la de su inteligencia. Si fuera al revés, lo más probable sería que la mayoría de los mitos creados con el fin de divinizar la influencia del poder económico en la sociedad civil, no existirían porque habrían sido sustituidos por la realidad descubierta gracias a la racionalidad crítica de la inteligencia social, mucho más empeñada en explicarse a sí misma y a los demás, el estado de su bienestar apelando a la razón y no invocando la intervención milagrosa de quienes les han dicho que son sus dioses económicos...

EL PODER en Asturias --más económico que político-- canta siempre la misma milonga: "Asturias, patria querida..." Es la milonga que cantaba en el momento de su llegada la multinacional Du Pont. La misma milonga del desembarco de una banca catalana en el viejo navío del Banco Herrero. La milonga que cantaron --mezclada con notas de un fado-- los portugueses que se llevaron a Hidroeléctica del Cantábrico... Y, ahora, es la misma milonga que cantan a dúo los coroneles de Alsa y los políticos del Principado, mientras cae el telón lentamente y el público aplaude enardecido el nuevo milagro de la economía asturiana: David se traga a Goliat.

El capitalismo asturiano no da para más. Y la clase política, tampoco da para más. Quizá sea así porque nadie les enseñó más. Es posible que otro tanto les ocurra a los asturianos: no les enseñaron más que a asimilar mitos y contar paradojas. Como, por ejemplo, la que expresó la señora portavoz del Gobierno del Principado haciendo referencia a la milagrosa fusión de la mítica Alsa con el mastodonte NX: "Esta clase de integraciones son normales". El lunfardo que usa nuestra clase política es así de claro.