El tema más embarazoso de la XV Cumbre Iberoamericana son las relaciones con EEUU, que observa preocupado cómo su declive natural está siendo acelerado por la presencia, sobre todo en el sur de América, de la UE y China. El proyecto español de una comunidad iberoamericana se suma a esta ofensiva, algo que Washington puede terminar considerando un desafío a su influencia.
Mientras las cumbres se limiten a una costosa ceremonia ritual, no habrá problemas. Tampoco los hubo con el Gobierno Aznar, que hizo suyas las políticas estadounidenses. Ocurre lo contrario con este Ejecutivo, que ha mejorado las relaciones con Cuba y Venezuela, oponiéndose al bloqueo que quiere EEUU.
Las relaciones con EEUU tienen otro ángulo no menos complejo.Latinoamérica vive una época de cambios y revueltas populares que han provocado, en varios países, la caída de sus presidentes.En otros, se ha traducido en el ascenso al Gobierno de la izquierda.Washington contempla preocupado tantos cambios políticos, que hacen más precaria su influencia y se traducen en el rechazo a sus proyectos. Ante eso, ha adoptado una actitud más beligerante.Dado que es previsible un aumento de las tensiones, en Madrid deberán escoger entre un apoyo a EEUU y el respaldo a los gobiernos latinoamericanos disidentes.
Otro tema es el relativo a los subsidios agrícolas. La disputa sobre esta cuestión ha paralizado el proyecto de un área de libre comercio entre la UE y Mercosur y sigue pesando como una losa en el desarrollo de las relaciones entre las dos regiones. El fin de las subvenciones y la apertura de los mercados europeos es un paso esencial para fortalecer los vínculos de América Latina y Europa. Siendo España uno de los grandes beneficiarios del proteccionismo agrícola de la UE, su posición sobre este asunto puede ser determinante.
Espinoso es también lo referente al papel de las multinacionales españolas en la región, enfrentadas por sus abusos a los movimientos sociales y respecto de las cuales se reclama en muchos países una renacionalización. La elaboración de un código ético sería un paso relevante si quisiera aprovecharse la presencia de estas empresas para fortalecer, no enturbiar, las relaciones hispanolatinoamericanas.El tema no se resuelve con una declaración como la firmada en Salamanca por los presidentes de organizaciones empresariales, reducida a ditirambos a la empresa privada. Difícilmente podrá construirse una comunidad de intereses si España se olvida de la atroz pobreza que sacude a la mitad de la población latinoamericana.
El porvenir de estas cumbres dependerá de sus resultados, hasta ahora simbólicos. En tanto no se traduzcan en hechos concretos, se verán reducidas a una modalidad de turismo político. Sería una pena que España desaprovechara un foro tan relevante. Los hechos, no las palabras, siguen siendo el reto de las cumbres iberoamericanas.
Augusto Zamora R. es profesor de Derecho Internacional Público y Relaciones Internacionales en la Autónoma de Madrid.

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