Como siempre, el cíclico devenir navideño, cargado de turrones, loterías, "saudades", regalos, cavas y demás familia, finaliza con la tradicional noche mágica de Reyes Magos. Este tiempo infantil de buenas intenciones y promesas de enmienda, para colectar cuantos más presentes mejor, tiene cierto paralelismo con la cuatrienal cita electoral en la que se ponen en juego los gobiernos democráticos españoles. Ahora, en este 2007 que se acerca galopando, se dirimen las siglas municipales y autonómicas.
En realidad, si dejamos volar la imaginación, podríamos pensar que Melchor (FSA-PSOE), Gaspar (PP) y Baltasar (IU y sus coaligados) a los que acompañará el Príncipe Aliatar (URAS más PAS), llegarán el 27 de mayo. (No, no hay intencionalidad ninguna en este orden, simplemente lo he establecido por el número de diputados autonómicos actuales). Y además, como quiera que en este mundo consumista los catálogos de regalos de los grandes almacenes sustituyen prácticamente a la histórica prospección de escaparates y la consiguiente típica carta a Sus Majestades, podemos pensar que los programas electorales de las diferentes formaciones políticas cumplen el mismo papel y que, casi antes de meter el sobre en la urna, podríamos marcar con cruces las respectivas ofertas .
El único problema radica en que, a diferencia de los catálogos de juguetes, los programas electorales ofertan y los ciudadanos demandan realizaciones, mientras que en aquellos, aunque no se reciba lo solicitado, la responsabilidad del cumplimiento no le corresponde al ofertante. Así, por ejemplo, en el caso de nuestra Asturias y en los temas ambientales, como quiera que los ciudadanos decidieron que las falanges de Melchor con apoyo de Baltasar tomaran las riendas del Gobierno, nos vamos a ver en la obligación de acudir a las hemerotecas, antes de emitir nuestra carta en forma de voto.
Abriendo un paréntesis y a raíz de la reciente puesta en marcha de una nueva página web del Gobierno regional, debo referirme al marginal papel que se le ha reservado a la información ambiental (que aparece entre las materias secundarias, sin ventanilla de color ni nada), a pesar de que por la correspondiente directiva europea y ley estatal, los gobiernos han de priorizar estas cuestiones de cara a sus ciudadanos y de que en el correspondiente programa electoral de 2003 se ofertaba específicamente una garantía de acceso a la información ambiental. (¡Éste parece ser nuestro sino!).
Pero qué decir de ofertas como la profunda revisión del plan de ordenación de los recursos naturales del Principado de Asturias, el PORNA, cuyo primer borrador -esperemos que no haya costado ni un euro- sólo ha servido para que se detecte una extraña intencionalidad de diluir cualquier restricción de carácter urbanístico, amén del gran desconocimiento de la gestión ambiental que tienen los redactores, cualesquiera que hayan sido. Programas de tramas verdes, planes de protección de ríos y humedales, planes directores de la red de espacios protegidos, planes de gestión del agua, programas de adquisición de terrenos de interés ambiental, estrategias de desarrollo sostenible e, incluso, leyes de protección ambiental, que fueron sometidas a información pública, duermen el sueño de los justos y es difícil que despierten antes de mayo.
Ante estas cuestiones, qué podemos pensar. ¿Será que aunque el catálogo de regalos estaba hecho por personas bienintencionadas, los «pajes» no supieron entregarlos a tiempo? ¿Será que algunos regalos, a la manera de algunos destinos de Air Madrid -según dicen-, eran a priori inabordables? El problema radica en que ahora, el fabricante, si repite ofertas, queda retratado ante la competencia.
Valga, a modo de ejemplo, el tan manido embalse de Caleao, que aparecía en uno de esos catálogos de ofertas de forma torticera -¿podríamos hablar de publicidad engañosa?- y que de repente se convirtió en irrenunciable para pasar a ser casi martillo de herejes, y sus detractores dogmáticos demagogos de ciudad, y que ahora por intervención divina (léase ministerial), parece que va a ser aparcado «sine die». ¿Qué ofertarán ahora los tres Reyes Magos y su Príncipe acompañante a este respecto? ¿Volverán los quiebros y requiebros dialécticos para jugar a todas las cartas?
¿Y qué dirán de los lobos? (seres casi míticos que aunque mueran masivamente a balazos, se refugien en lo más recóndito del territorio, se alimenten de jabalíes y un largo etcétera, cada cuatro años surgen de sus cenizas e invaden el espacio mediático para mayor gloria y subvención de los que gritan). ¿Y de los guardas rurales? (colectivo profesional a quien los programas de ofertas casi siempre les dedican algún párrafo y que ahora algunos «pajecillos» se dedican a desorientar, desorganizar, desprofesionalizar, perseguir y ningunear). ¿Y de los salmones? (joya biológica en nuestras latitudes que acumula en su gestión los mayores e inimaginables vaivenes normativos, contradictorios incluso año a año, gracias a la intervención de cuanto iluminado ande por este mundo del río). ¿Y de «Paca» y «Tola»? ¿Y de «Picoteru»? ¿Y del Espartal? ¿Y de...? ¡Los ciudadanos estaremos expectantes!
Una gran amiga y colaboradora, funcionaria ella por más señas, me revela que ya es militante del voto en blanco (o sea Papa Noel) y que lo único que les pide a los Reyes Magos es que en su parcela laboral -gobierne quien gobierne- al menos sitúen a jefes con experiencia y criterios que no aparquen a sus subordinados para esconder sus propias frustraciones y disimular su falta de conocimientos. Bueno, parece que de aquí a mayo tendremos tiempo a repasar catálogos (programas), mirar ofertas (promesas) y escuchar el por qué de muchas vacilaciones históricas. En fin, ya vienen los Reyes Magos / caminito de Belén. / ¡Olé y olé y olá!
Víctor M. Vázquez es miembro de número del RIDEA.
