La Coctelera

Categoría: La Jornada

Lo que ha dejado el 2006, de Guillermo Almeyra en La Jornada

El Viejo Topo sigue trabajando. En el mundo, George W. Bush es un "pato malherido" y la aventura medioriental de Estados Unidos ha terminado en un fracaso estruendoso, con la consiguiente repercusión en la relación de fuerzas con el resto del mundo (o sea, con China, Rusia y Europa pero también con países como Cuba, Venezuela, los del Mercosur o Bolivia, que adquirieron mayores márgenes de maniobra en la misma medida en que Washington los perdía). Además, Berlusconi es una sombra grotesca del pasado, al igual que Tony Blair. En América Latina, el gobierno antimperialista de Venezuela se ha reforzado y la oposición ha sufrido duras derrotas, Lula, pese a los agoreros e infantiles de todo tipo, también cuenta con mayor apoyo popular que nunca, y Evo Morales enfrenta con dignidad las presiones hostiles de una oposición secesionista y golpista, pero a la defensiva. En América Latina también ha perdido terreno el dominio imperialista: la derecha en Colombia se debate entre los escándalos y el desarrollo de una izquierda legal reformista, y en México Felipe Calderón y la clásica derecha mexicana, clerical, racista y aliada de Estados Unidos sólo ha podido llegar al gobierno mediante un fraude gigantesco y no ofrece al capital, que lo apoya y lo maneja, ninguna garantía de estabilidad.

En México, en un año muy intenso, se pusieron a prueba, en el campo popular, tres mitos, tres esperanzas: AMLO, el PRD, la otra campaña-EZLN. El primero contaba con los deseos de cambio social de capas mucho más vastas de las que apoyan al PRD, pero subordinó a éste (y a todo) a su triunfo electoral, con el resultado de construir una dirección partidaria y una bancada parlamentaria conformada por restos del clásico PRI, e incapaces de hacer algo diferente de lo que el PRI ha hecho siempre: es decir, conseguir cuotas de poder político y personal dentro del sistema y al servicio del mismo y negociar con el gobierno central amenazando con movimientos de masa, pero ignorando los movimientos sociales reales, las revindicaciones y necesidades de los mismos y tratando de evitar su independencia o la construcción en ellos de direcciones dependientes de sus bases y no del poder estatal, dentro del cual están los partidos. El PRD, por su parte, ganó puestos parlamentarios (y dinero para su burocracia) pero está dando pruebas evidentes ­como siempre, desde su fundación­ de que no es un partido alternativo sino uno de oposición dentro del sistema que lucha por la alternancia esperando ganar posiciones para el año 2012. Votó el presupuesto de Calderón, no presentó ninguna propuesta alternativa y negocia con el gobierno federal, con el PRI y con el PAN, en vez de actuar como minoría rebelde en un terreno ajeno y hostil. El tercio del electorado que buscaba cambiar algo mediante un triunfo del PRD y de AMLO y el 10 o 15 por ciento del mismo que realizó esfuerzos a veces heroicos para asegurar esa victoria probablemente, como en 1988, estarán haciendo un balance de sus ilusiones sobre una dirección política construida para mantener ­y como mucho­ reformar un poco este país, pero que no está preparada para cambiarlo ni tiene la intención de hacerlo, ni tiene confianza en la capacidad, la inteligencia y la movilización de las personas de carne y huso, que cotidianamente luchan en todos los campos, pero a los que sólo ven como votantes una vez cada tantos años. AMLO se desinfló y lo mismo hizo el globo de colores perredista. Los seguirán en el tran-tran político de todos los días e incluso ganarán elecciones parciales, ya que la gente sabe que hay que votar y que otros pueden ser peores. Pero el cheque de la esperanza ­el de las movilizaciones y el de la construcción de la autoconfianza en quienes quieren ser ciudadanos aunque les roben hasta aquélla­ lo despilfarraron, lo quemaron. Otro tanto hicieron el EZLN y la otra campaña, por infantilismo sectario. No comprendieron que una cosa son los millones de personas que esperaban de AMLO y del PRD y otra el caudillo con ínfulas de salvador y su burocracia incapaz y/o corrupta y no fueron capaces de estar con la gente pero separados de AMLO. Quedaron solos, sin poder hacer lo que decían querer y, además, perdiendo fuerzas y dividiéndose ya que a su primitivismo político se unió el verticalismo decisionista de Marcos. Si AMLO no fue a Oaxaca porque esa lucha "desviaba la atención" de su campaña, Marcos tampoco fue en su momento y dijo que no había que mirar hacia Bolivia (o sea, hacia un gobierno indígena y una Asamblea Constituyente impuestos por las movilizaciones populares que posibilitaron el triunfo popular en las elecciones y en las instituciones). El gran legado de 2006 es, en cambio, la experiencia de la comuna de Oaxaca, de la asamblea de asambleas que dio forma a la APPO a partir de una lucha gremial y votando abrumadoramente por el PRD, sin quedarse pegada en el gremialismo ni en el electoralismo. El pluralismo, la horizontalidad, el asambleismo, el carácter indígena y popular del movimiento y las experiencias de construcción de doble poder ­cuerpo de topiles, policía magisterial, bandos de gobierno, ocupación de los medios de comunicación hostiles y envenenadores de la opinión pública­ son adquisiciones imborrables. La represión y el temor reinan hoy en Oaxaca. Pero los cientos de miles mujeres y hombres que se movilizaron y decidieron, y los pueblos indígenas que adquirieron directamente protagonismo, practicaron la autonomía, tomaron municipios y carreteras, discutieron todo y con todos, sin seguir a otros salvadores como AMLO, pero con uniforme de guerrillero, ahí están y seguirán estando y luchando. Ellos son la sal de la tierra, los que pasarán la antorcha testimonio a un movimiento obrero que balbuceó con el diálogo nacional y el programa de Querétaro, pero luego se puso en parte a la sombra de AMLO y ahora deberá enfrentar directamente la política del gobierno federal (y de la Cámara, donde no se sabe qué hará la mayoría del PRD). Hay razones para el optimismo.

Nuestra complicidad murió con él, de Robert Fisk en La Jornada

Lo hicimos callar. El momento en que el encapuchado verdugo de Saddam jaló la palanca que abrió la trampa de la horca en Bagdad, la mañana del sábado, los secretos de Washington quedaron a salvo. El vergonzoso, excesivo y oculto poder militar que Estados Unidos y Gran Bretaña dieron a Saddam durante más de una década sigue siendo la historia terrible que nuestros presidentes y primeros ministros no quieren recordar. Ahora Saddam, quien sabía la verdadera dimensión de ese apoyo occidental que le permitió perpetrar algunas de las peores atrocidades desde la Segunda Guerra Mundial, está muerto.

Se ha ido el hombre que personalmente recibió ayuda de la CIA para destruir al Partido Comunista de Irak. Después de que llegó al poder, la inteligencia estadunidense le daba a sus serviles colaboradores la dirección en que vivían comunistas, tanto en Bagdad y como en otras ciudades, con el fin de desbaratar la influencia que tenía la Unión Soviética sobre Irak. Los mujabarats de Saddam visitaban cada hogar, arrestaban a todos sus ocupantes y luego los asesinaban. Los ahorcamientos públicos eran para los saboteadores; para los comunistas, sus esposas e hijos se reservaba un trato especial: torturas extremas antes de ser ejecutados en Abu Ghraib.

Existe en todo el mundo árabe la evidencia de que Saddam sostuvo una serie de reuniones con funcionarios estadunidenses de primer nivel antes de su invasión a Irán de 1980. Tanto él como el gobierno estadunidense estaban convencidos de que la república islámica se derrumbaría cuando Saddam enviara a sus legiones al otro lado de la frontera, por lo que el Pentágono recibió instrucciones de dar asistencia a la maquinaria militar iraquí proveyendo inteligencia sobre las técnicas de batalla de los iraníes.

Un helado día de 1987, no muy lejos de Colonia, me reuní con un traficante de armas alemán, quien inició esos primeros contactos directos entre Washington y Bagdad por órdenes de Estados Unidos.

"Señor Fisk, muy al principio de la guerra, en septiembre de 1980, fui invitado a ir al Pentágono", dijo. "Ahí, me entregaron las más recientes fotos satelitales que Estados Unidos había tomado del frente iraní. Podía verse todo en esas imágenes. Había emplazamientos de artillería iraní en Abadan y detrás de Jorramshar, trincheras en la ribera este del río Karun, barricadas antitanque ­miles­ a todo lo largo de la frontera iraní hacia el Kurdistán. Ningún ejército podía desear más que esto. Yo llevé esos mapas en un avión de Washington a Francfort y de ahí me trasladé directo a Bagdad en uno de Iraqui Airways. ¡Los iraquíes estaban muy pero muy agradecidos!"

En ese entonces yo cubría la guerra con los comandos de avanzada de Saddam, bajo las granadas iraníes, y ahí noté que los militares iraquíes alinearon sus fuerzas de artillería en posiciones muy alejadas del frente de batalla, lo que decidieron con base en los detallados mapas de las posiciones iraníes con que contaban.

Sus bombardeos contra Irán en las afueras de Basora permitieron que los primeros tanques iraquíes cruzaran el río Karun en sólo una semana. El comandante de esa unidad de tanques alegremente rehusó decirme cómo fue que adivinó cuál era el único puente que el ejército iraní no tenía defendido. Hace dos años nos encontramos de nuevo, en Ammán, y sus subalternos lo llamaban "general", rango que Saddam le concedió después de ese ataque de tanques al este de Basora, cortesía de la información de inteligencia de Washington.

La historia oficial iraní de la guerra de ocho años con Irak registra que la primera vez que Saddam usó armas químicas fue el 13 de enero de 1981. El corresponsal de Ap en Bagdad, Mohamed Salaam, fue llevado a ver el lugar en que se consumó la victoria militar iraquí al este de Basora.

"Comenzamos a caminar y a contar los cuerpos", relató. "Caminamos kilómetros y kilómetros en esa mierda de desierto, contando. Cuando llegamos a alrededor de 700, perdimos la cuenta y tuvimos que comenzar de nuevo... Los iraquíes habían usado, por primera vez, una combinación: gas nervioso que paralizaría los cuerpos de sus enemigos y gas mostaza para ahogarlos desde los pulmones, por eso es que todos habían vomitado sangre".

En ese momento los iraníes denunciaron que Estados Unidos había dado ese terrible coctel a Hussein y Washington lo negó. Pero los iraníes tenían razón. Las largas negociaciones que llevaron a la complicidad de Estados Unidos en esta atrocidad continúan siendo un secreto. Se sabe que el ex secretario de Defensa estadunidense Donald Rumsfeld era en ese momento uno de los punteros del presidente Ronald Reagan. Seguramente Saddam conocía a detalle esta historia.

Pero un documento del Senado que pasó casi desapercibido, titulado "Las exportaciones de agentes químicos y biológicos para uso dual y relacionado con actividades bélicas y su posible impacto en la salud durante la Guerra del Golfo Pérsico", afirmaba que antes de 1985 y posteriormente, compañías estadunidenses mandaban cargamentos de agentes biológicos a Irak. Estos incluían el bacilus antracis, que produce el ántrax y el escerichia coli (E. coli).

Dicho reporte del Senado concluía: "Estados Unidos ha proveído al gobierno de Irak con materiales de 'uso dual' que ayudaron al desarrollo de programas de armamento químico, biológico iraquíes, y programas misilísticos, incluyendo elementos para la construcción de una planta química de producción de agentes, dibujos técnicos y un programa para la elaboración de equipo para la guerra química".

El Pentágono tampoco ignoraba hasta qué grado Irak usaba armas químicas. En 1988, por ejemplo, Saddam dio personalmente permiso al teniente coronel Rick Francona para visitar la península de Fao después de que las fuerzas iraquíes recapturaron esta zona que los iraníes habían tomado. Francona era un oficial de inteligencia defensiva de Estados Unidos, y uno de los 60 funcionarios estadunidenses que secretamente daba información sobre los movimientos militares de Irán a miembros del estado mayor iraquí.

El reporte que Francona hizo a su regreso a Washington decía que los militares iraquíes habían usado armas químicas para lograr su victoria. El encargado de la inteligencia de la defensa en ese entonces era el coronel Walter Lang, quien dijo que el hecho de que los iraquíes usaran gas en el campo de batalla "no es asunto que nos preocupe profundamente, desde un punto de vista estratégico".

Yo, sin embargo, vi los resultados. En un largo tren hospital, que volvía a Teherán del campo de batalla, encontré a cientos de soldados iraníes que tosían sangre y moco que provenía de sus pulmones. Los vagones apestaban tanto a gas que tuve que abrir las ventanas. Tenían los brazos y la cara llenos de pústulas en las cuales, en momentos, crecían nuevas ampollas. Muchos presentaban quemaduras espantosas. Esos mismos gases después fueron usados contra los kurdos de Halabja. No es sorpresa que Hussein haya sido juzgado en Bagdad primordialmente por una matanza de chiítas,y no por sus crímenes de guerra contra Irán.

Aún no sabemos ­y tras la ejecución de Saddam quizá nunca sepamos­ la magnitud de los créditos que Estados Unidos concedió a Irak desde 1982. El primer tramo, la suma que se pagó por armamento estadunidense proveniente de Jordania y Kuwait, fue de 300 millones de dólares. Para 1987, a Saddam se le había prometido un crédito por mil millones de dólares. En 1990, justo antes de la invasión a Kuwait, el comercio entre Irak y Estados Unidos había crecido a 3 mil 500 millones de dólares al año.

Presionado por el secretario de Estado, el mismo James Baker cuyo reporte pretende sacar a George W. Bush de la catástrofe, concedió nuevas garantías de préstamo a Irak por mil millones de dólares.

En 1989, Gran Bretaña, que también estaba dando ayuda militar secreta a Saddam, garantizó 250 millones de libras esterlinas a Irak poco después del arresto, en Bagdad, del periodista de The Observer Farzad Bazoft. El reportero estaba investigando la explosión de una fábrica en Hilla que estaba usando los mismos componentes químicos enviados por el gobierno de Estados Unidos, y quien posteriormente fue ahorcado en prisión.

Un mes después de la detención de Bazoft, William Waldegrave, ministro de la Oficina del Exterior, señaló: "Dudo que exista, en algún otro lugar del mundo, otro posible mercado a una escala similar a ésta en la que Reino Unido esté tan bien posicionado, siempre y cuando juguemos nuestras cartas diplomáticas correctamente... Unos cuantos Bazofts más u otro brote de opresión interna lo harían más difícil".

Aún más repulsivas fueron las observaciones del entonces primer ministro adjunto, Geoffrey Howe, en lo referente a relajar el control sobre la venta de armas británicas para Irak. Guardó este secreto, según escribió, porque "se vería muy cínico si tan pronto como expresamos nuestra repulsión por la forma en que se trató a los kurdos adoptamos un enfoque más flexible a las ventas de armas".

Saddam conocía también los secretos en torno al ataque contra el USS Stark cuando, el 17 de mayo de 1987, un jet iraquí lanzó una ráfaga de misiles contra una fragata de Estados Unidos, matando a más de una sexta parte de la tripulación de la nave, que estuvo a punto de hundirse. El gobierno estadunidense aceptó la disculpa de Hussein, quien alegó que el navío fue confundida con un barco iraní. Además, se le permitió a Saddam negar el permiso para entrevistar al piloto iraquí.

Toda la verdad murió con Saddam Hussein en la ejecución que tuvo lugar en Bagdad la madrugada del pasado sábado. Muchos en Washington deben haber suspirado con alivio, una vez que el viejo quedó silenciado para siempre.

© The Independent

Traducción: Gabriela Fonseca.

Los movimientos hacia el 2007, de Raúl Zibechi en La Jornada

Los movimientos sociales sudamericanos enfrentan un panorama inédito: la mayoría de los gobiernos del continente se definen progresistas o de izquierda, una realidad que los mismos movimientos contribuyeron a configurar y que puede ayudarlos a crecer o bien bloquear su desarrollo.

En efecto, siete de los 10 países sudamericanos presentan gobiernos que se reclaman afines a los movimientos sociales. Este nuevo escenario está teniendo tal impacto sobre los movimientos que éstos ya no pueden seguir trabajando como antes. A grandes rasgos, existen dos diferencias notables con el periodo anterior. Por un lado, la contradicción entre gobiernos neoliberales y movimientos sociales ya no ocupa el principal lugar. La creciente polarización entre los nuevos gobiernos y las viejas derechas, ahora renovadas con nuevos temas y consignas, tiende a desplazar a los movimientos de su anterior protagonismo. En Venezuela y Bolivia la derecha consigue movilizar sectores importantes de las poblaciones, y en el segundo caso enarbola propuestas autonómicas que resultan un excelente gancho para homogeneizar sus sociedades. Algo similar puede llegar a suceder en Ecuador cuando asuma Rafael Correa el 15 de enero. En Argentina, la derecha se está reagrupando para impedir el avance de la causa de los derechos humanos y consiguió realizar un importante paro agrario contra la política sectorial de Néstor Kirchner. En Brasil, la excusa para la movilización electoral de la derecha fue la corrupción.

Lo novedoso es que la derecha consigue agrupar sectores de las capas medias y en ocasiones consigue ganar la calle con cientos de miles de simpatizantes. En esas situaciones no sólo los movimientos, y sus demandas, se ven desplazados, sino que se ven forzados a moverse en apoyo de gobiernos con los que a menudo tienen sólo coincidencias parciales.

En segundo lugar, se está diseñando una nueva relación entre las fuerzas que integran los gobiernos progresistas y de izquierda y los sectores populares que forman las bases sociales de los movimientos. Se trata de relaciones complejas que están comenzado a ser construidas, en casi todas partes, sobre la base de las anteriores políticas focalizadas hacia la pobreza. En general existen dos "modelos" en el continente. El que se implementa en Ecuador, y de algún modo en Bolivia, aparece centrado en el "fortalecimiento de las organizaciones" sociales que se les asigna ­a partir de la intalación del Prodepine (Proyecto de Desarrollo de los Pueblos Indios y Negros del Ecuador) a mediados de los 90­ la tarea de ser ellas mismas las diseñadoras y ejecutoras de los programas asistenciales. Estos programas han dañado en profundidad a los movimientos. En Ecuador estuvieron a punto de provocar la escisión de la Conaie y consiguieron debilitarla considerablemente.

En Brasil, Argentina y Uruguay, las políticas hacia la pobreza que están implementando los gobiernos progresistas han dado un salto cualitativo respecto a los programas anteriores, todos ellos financiados y promovidos por el Banco Mundial, al igual que en el caso anterior. En sentido estricto, ya no puede hablarse de políticas "focalizadas", toda vez que en Brasil alcanzan a 25 por ciento de la población y en Argentina y Uruguay oscilan entre 10 y 20 por ciento. En realidad estamos ante una reconfiguración de las relaciones entre los estados y los sectores populares, diferente a la que se había gestado durante el periodo de los estados del bienestar.

El resultado es que estas políticas afectan la capacidad de acción de los movimientos, o sea de los pobres organizados. Más aún, tienden a poner en cuestión la propia autonomía conseguida durante el periodo del neoliberalismo duro y puro. Dos hechos están en la base de este debilitamiento: los subsidios generan relaciones clientelares, y por lo tanto verticales, entre los ministerios "sociales" y las masas de pobres no organizados, que ahora se muestran menos proclives a movilizarse. En paralelo, muchos dirigentes de los movimientos pasan a ocupar cargos de menor rango en los gobiernos progresistas, tomando distancia de sus organizaciones o bien poniéndolas en relación de subordinación con los gobiernos para los que trabajan.

Ante este nuevo escenario, poca utilidad tiene empeñarse en repetir lo que hasta ahora había dado resultado. Reconocer los cambios es el primer paso para salir de la debilidad actual. Empeñarse en fortalecer la autonomía (cultural, política y material) parece imprescindible para sortear las actuales dificultades. En nuestro continente, además de los zapatistas, los sin tierra de Brasil son los que cuentan con análisis más claros. No dudaron en movilizarse para apoyar a Lula en la segunda vuelta electoral, con el objetivo de cortarle el paso a la derecha. Pero ya se lanzaron a una campaña de propaganda y movilizaciones, conscientes de que si no hay presión desde abajo Lula no moverá un dedo para poner en marcha la reforma agraria. Con ser necesario, volver a la calle no soluciona todos los problemas. Como señala Joao Pedro Stédile, coordinador del MST, es necesario estudiar, analizar, comprender las nuevas realidades que están naciendo bajo estos gobiernos.

Por último, parece imprescindible establecer nuevas relaciones entre los sectores organizados y los no organizados de abajo. Sin ello, no será posible retomar la iniciativa. Pero aún no sabemos con precisión cómo, con quiénes, ni dónde. Todo apunta a que los cinturones de pobreza de las grandes ciudades serán los escenarios de las futuras revueltas. Los sin tierra apuestan al movimiento hip hop. O sea, a los jóvenes, negros, pobres. En Buenos Aires se adivinan nuevas relaciones entre los jóvenes que se movilizaron en los piquetes, los jóvenes pobres influenciados por la música que se escucha abajo y los inmigrantes paraguayos y bolivianos. En todo caso, en esas regiones satanizadas por los poderes ­aun los progres­ hay un mundo de potencias que puede alimentar nuevos movimientos.

Bush, en caída libre, de Angel Guerra Cabrera en La Jornada

George W. Bush se empeña en mantener la ocupación de Irak pese a la desaprobación de ésta por una mayoría de sus conciudadanos y a la percepción de muchos en los círculos de poder de Washington de que no es posible una victoria militar. Como revelaron las elecciones intermedias y recientes encuestas, cada vez más estadunidenses se oponen a la presencia militar en el país árabe mientras la aprobación al emperador es la más baja desde que llegó al cargo vía el fraude electoral.

El cantinfleo de Bush en las últimas semanas respecto del conflicto ­"No estamos ganando pero no estamos perdiendo"­ y las comisiones creadas para proponer "un cambio de curso" no son más que estratagemas para continuarlo y eventualmente atacar a Irán. De antemano los bushistas tienen decidido mantener el curso y las comisiones son pura escenografía. Todo indica que la Casa Blanca aumentará sustancialmente el contingente castrense en Mesopotamia, expediente que ya demostró su fracaso cuando en el verano pasado el envío adicional de 7 mil soldados lo que logró fue un incremento de las acciones de la resistencia, del número de civiles iraquíes muertos y de las bajas estadunidenses. Más realista, el ex jefe de estado mayor y ex secretario de Estado Colin Powell declaró en una comparecencia de costa a costa que no se está ganando la guerra y que el envío de más tropas sería contraproducente.

El empecinamiento de Bush y, por supuesto, de su coach Richard Cheney, radica en que ambos responden a los intereses petroleros y a la camarilla neoconservadora sionista, que coinciden en apoderarse de los hidrocarburos desde el golfo Pérsico hasta el Caspio y Asia central.

La última de las mentiras para quedarse en Irak era "llevarle la democracia", algo risible viniendo de quienes han pisoteado lo que quedaba de la república de 1776 y se burlan descaradamente del mensaje enviado por los electores el 7 de noviembre. Ahora Bush añade otra engañifa. Se trata, dice, de una guerra "ideológica".

Más de lo mismo en Irak llevará al agravamiento de la ya dramática situación militar de Estados Unidos y al ascenso de sus bajas en un país donde a duras penas controla la Zona Verde y el perímetro de sus bases militares, con las funestas consecuencias políticas que se derivarán para Bush en casa. Pero también en otros frentes el inquilino de la Casa Blanca se verá enfrentado a graves problemas, como en Palestina, donde la limpieza étnica practicada por su socio israelí con el terror, el cerco económico y el hambre continuará acrecentando el odio de árabes y musulmanes contra la política genocida de Washington.

Irán y Siria han fortalecido su posición internacional contrariamente a lo que era el plan de los neoconservadores de "cambio de régimen" en esos estados y rediseño del Gran Medio Oriente. A ello contribuyó notablemente la ignominiosa derrota de la invasión bushista-sionista por la resistencia nacional libanesa nucleada en torno a Hezbollah.

Rusia y China llevan a cabo acciones conjuntas para impedir el apoderamiento estadunidense de los hidrocarburos de Asia central y presentan un frente unido frente a sus designios expansionistas en la zona mediante la organización surgida de los acuerdos de Shanghai. América Latina nunca había desafiado a Washington como en la actualidad con sus movimientos populares y nuevos gobiernos que pugnan por una mayor independencia del vecino del norte. La crisis del dólar y de la burbuja especulativa inmobiliaria pueden llevar a la economía estadunidense a una franca recesión en el año que comienza, con todas sus consecuencias políticas internas y el desbarajuste que provocaría en la economía mundial.

Estos problemas, unidos a una mayor debacle en Irak, aumentarán el aislamiento internacional de Washington, crearán graves focos de tensión social inerna y sustancian lo que afirmé al comentar el resultado de las elecciones de noviembre y la tímida postura del Partido Demócrata ante la guerra. Entonces dije que lo único que puede lograr la salida de Irak, como ocurrió con Vietnam, es que los estadunidenses salgan a protestar a las calles. Ese escenario es probable y que los demócratas, forzados a deslindarse totalmente de Bush, aprovechen su nueva mayoría congresional para promover su destitución, recurso con el que asegurarían su victoria en las elecciones de 2008.

En todo caso, está claro que no hay solución militar en Irak y que mientras más se dilate la retirada más humillante será la derrota de Estados Unidos.

aguerra_123@yahoo.com.mx

Parlamentarios desvergonzados, de Leonardo Boff en La Jornada

Hay momentos en que la única reacción digna frente a las barbaridades éticas es la indignación. Muchos estamos indignados con la decisión de los líderes del Congreso brasileño, tomada el 14 de diciembre, de reajustar prácticamente en 100 por ciento sus propios sueldos. De 12 mil 847 reales se elevaron a 24 mil 500, que es el techo de la función judicial. Debido al efecto cascada, en los estados y en los municipios el gasto anual robado de las arcas públicas será de 1.66 mil millones de reales. Los nombres de los que se opusieron por respeto a la ética merecen ser citados: del PSOL, la senadora Heloisa Helena (Senado), Chico Alencar (Cámara) y del PT Henrique Fontana. Todos los demás o se callaron consintiendo o se regocijaron. Hubo personas sin pudor, como el diputado Inocêncio de Oliveira (PFL-PE), que proclamó en pésimo latín ''habemus aumento''. Ciro Nogueira (PP-PI) estuvo sencillamente desvergonzado: ''Voté a favor, sí; no tengo ninguna vergüenza''.

Lo que nos aterroriza no es sólo el hecho despreciable de votar para sí mismos, sino la realidad que este hecho señala: la total falta de ética de los ''representantes'' del pueblo. Ya Aristóteles nos había enseñado que tener vergüenza es uno de los indicadores inequívocos de que todavía no perdemos de todo el sentido ético; el ruborizarse muestra que nos damos cuenta de los actos malos que practicamos. Los congresistas brasileños ni tuvieron vergüenza ni se ruborizaron frente a su deshonestidad. Dieron muestra de total falta de ética.

Pero lo que es peor es que ellos confirman lo que la historiografía política brasileña siempre está repitiendo, en especial el nostálgico José Honório Rodrigues: ellos no aman el pueblo, tiene vergüenza de las bases populares empobrecidas, pues las ven conformadas por cholos, insignificantes, pueblerinos paupérrimos. Sólo los ven en tiempos de elección para engañarlos y arrancarles el sufragio invocando muchas y falsas promesas. Una vez instalados en el Parlamento hacen sus maniobras de falsos amigos, de espaldas al pueblo y en su contra. Decidieron el vergonzoso aumento exactamente en el momento en que los movimientos sociales y los sindicatos estaban discutiendo miserables tasas de aumentos salariales.

¿Quién no se indigna y siente vergüenza de tener representantes de esta ralea? No resisto la tentación de citar las palabras del profeta Amós, el campesino que, valiente, entró corte adentro denunciando las sinvergüenzadas de los poderosos. Denunció en nombre de Dios: ''Odio y desprecio vuestras fiestas y no me gustan vuestras reuniones; vosotros transformáis el derecho en veneno y el fruto de la justicia en ajenjo'' (capítulo 2 y 6). Senadores y diputados perdieron el sentido de la realidad. El mundo virtual de Brasilia corrompió sus mentes, divorciadas de la penosa lucha del pueblo por su supervivencia.

El Parlamento no es sólo instancia delegada del poder popular, ni gerencia técnica de los asuntos relativos al bien común. Es, sobre todo, instancia ética. Representa los valores de la ciudadanía, de la transparencia en el cuidado de la cosa pública. Nosotros, ciudadanos, tenemos el derecho de esperar que nuestros representantes vivan esos valores y no los nieguen con sus prácticas ''desvergonzadas''. Gracias a Dios que aún existen parlamentarios del más alto nivel ético que confieren dignidad a su función y que no pierden la esperanza.

(Traducción ALAI)

Leonardo Boff. Teólogo.

Hussein: ejecución inadmisible, del Editorial en La Jornada

Hussein: ejecución inadmisible

Este martes 26 de diciembre, la Corte de Apelaciones de Irak ratificó la sentencia a muerte de Saddam Hussein, emitida en noviembre pasado por la masacre de 148 iraquíes chiítas de la aldea de Duyail, en 1983. De esta manera, el que fuera el hombre fuerte de esta nación de Medio Oriente podría ser ejecutado en la horca en los próximos 30 días. Sin embargo, a pesar de que Hussein es culpable de ordenar crímenes de lesa humanidad en contra de sus propios ciudadanos y de sus vecinos de Kuwait e Irán ­países que invadió y en donde sus ejércitos perpetraron innumerables violaciones a los derechos humanos­, la pena capital no es un castigo viable, ya que revela el fracaso de la justicia y constituye un crimen de Estado al atentar contra el derecho a la vida, consagrado en varios tratados internacionales.

La responsabilidad de Hussein en asesinatos, torturas, desapariciones y uso de armas prohibidas ­como el empleo de gases tóxicos en su guerra contra Irán y en la represión contra la minoría kurda­ no está en duda, pero aplicarle la pena de muerte es un grave error humanitario y político.

Una sentencia de esta naturaleza viola los derechos a la vida y a no ser sometido a un castigo cruel, inhumano o degradante. En ese sentido, la muerte por ahorcamiento corresponde perfectamente a esta descripción: un ser humano que se bambolea en el aire al extremo de una cuerda es una clara imagen de degradación y crueldad. Asimismo, tales condenas no son, bajo ningún pretexto o circunstancia, una defensa de la sociedad ante una amenaza inminente en contra de la integridad de sus miembros. Por el contrario, constituyen homicidios premeditados por parte del Estado y revelan la incapacidad de éste para luchar con efectividad contra los factores sociales que propician los crímenes abominables.

De hecho, el Estado debería ser el primero en garantizar la vida de todos sus gobernados sin excepción y la aplicación de una justicia que sancione los crímenes mayores con otros métodos. En este contexto, los procesos transparentes y públicos y penas adecuadas en prisión son más útiles a las sociedades que las penas capitales, las cuales, dicho sea de paso, no reducen ni inhiben la comisión de asesinatos y torturas, tal y como lo han demostrado organizaciones como Amnistía Internacional y Human Rights Watch.

Adicionalmente, en muchos países cuyas legislaciones contemplan le pena de muerte se han registrado trágicas equivocaciones: en China y Estados Unidos se ha ejecutado a reos que posteriormente se probó que eran inocentes o con evidentes discapacidades mentales.

Finalmente, como señaló el presidente español José Luis Rodríguez Zapatero, la ejecución de Hussein difícilmente contribuirá a la pacificación de Irak: existe el riesgo de que su muerte lo convierta en mártir a los ojos de sus simpatizantes, que podrían reaccionar con actos de violencia en un país en donde las tropas estadunidenses han sido incapaces de frenar los enfrentamientos internos. El reciente informe de la Comisión Baker afirma que la situación en Irak es grave y requiere un cambio de política y la prensa internacional ha divulgado que el número de soldados de Estados Unidos fallecidos en esta nación (2 mil 982) ya ha superado a los decesos registrados en los atentados del 11 de septiembre de 2001 (2 mil 973).

En conclusión, será un grave error que Hussein sea sometido a la horca en un acto de venganza estatal.

India: entre el carbón y la opción nuclear, de Alejandro Nadal en La Jornada

Gandhi fue un crítico sagaz de la tecnología occidental. Muy pronto vio el impacto sobre la pobreza en India de la importación forzada de telas producidas por las fábricas inglesas. No estaba errado: millones de productores textiles quedaron sin empleo y se perdieron en la miseria cuando Inglaterra inundó el mercado con sus géneros de bajo costo producidos en Lancashire.

En 1920 Gandhi adoptó la charkha, la tradicional rueda para hilar, como símbolo para movilizar a su pueblo en la lucha anticolonial. Esa fue la cúspide de su crítica a la tecnología occidental: "En la medida en que hicimos de la modernidad materialista nuestra meta principal, nos hundiremos en el camino del 'progreso'".

Hoy esas consideraciones están lejos de lo que el poder considera las prioridades de India. Según el gobierno, para erradicar la pobreza y cumplir con sus metas de desarrollo humano, es indispensable mantener tasas de crecimiento del PIB de 9 por ciento anual durante los próximos 25 años. El modelo económico que se promueve está basado en el complejo automotriz como principal medio de transporte, y en un esquema de desarrollo urbano que privilegia la intensidad de consumo energético. En términos energéticos esto plantea un desafío colosal: habrá que cuadruplicar la oferta de energía primaria y multiplicar cinco o seis veces el nivel de 2004 para generar electricidad.

India todavía mantiene un nivel bajo de consumo energético per capita. El país apenas consume anualmente 439 kilogramos de petróleo equivalente (kpe) por habitante como fuente de energía primaria, lo que contrasta de manera notable con China (mil 90 kpe), Alemania (4 mil 210 kpe) o Estados Unidos (7 mil 835 kpe). El consumo eléctrico anual por habitante es de sólo 553 kilovatios hora (comparados con 13 mil 66 de Estados Unidos), en buena medida porque 57 por ciento de los hogares rurales en India no tiene electricidad.

La economía india seguirá descansando en el carbón como la principal fuente primaria de energía, y eso tiene serias implicaciones para la emisión de gases invernadero. El carbón es responsable del 50 por ciento del consumo de energía para usos comerciales en el gigante indio, y su predominio en la mezcla de combustibles primarios no cambiará en las próximas tres décadas. De hecho, los requerimientos de carbón crecerán hasta alcanzar 2 mil millones de toneladas anuales para el año 2030.

Se estima que las reservas probadas de carbón en India se agotarán en unos 45 años. Así que la otra pregunta clave concierne la seguridad energética para la economía india. Esto lleva a considerar las fuentes renovables, la eficiencia y el papel de la energía nuclear.

Los planes del gobierno prevén el desarrollo de las fuentes renovables, pero su impacto sobre el perfil energético en India apenas comenzará a dejarse sentir en 2030. En cambio, la reducción de la intensidad energética del PIB podría surtir efectos en el corto plazo. En la actualidad India consume 0.16 kpe por unidad de PIB, lo que hace que su intensidad energética sea inferior a la de China (0.23 kpe) o Estados Unidos (0.22 kpe), pero superior a la de Dinamarca (0.13 kpe), Inglaterra (0.14 kpe) o Japón (0.15 kpe). Los planes indios indican que es posible abatir en 25 por ciento la intensidad energética del PIB a través de acciones en el propio sector energético, en el transporte y en el consumo residencial. Pero aún eso no será suficiente para cubrir las necesidades de la economía en expansión.

Por eso no sorprende que los planes para el sector energético en India asignen un lugar importante a la opción nuclear. En la actualidad la energía nuclear es responsable de un minúsculo 3 por ciento de la oferta total. Sin embargo, el Departamento de energía atómica (DEA) proyecta una fuerte expansión, pasando de 3 mil 900 a 275 mil megavatios en 2052. Esta expansión descansaría en reactores de cría, que producen más combustible (material fisionable) del que consumen. India ya cuenta con un reactor de este tipo en Kalpakkam, cerca de Chennai. Aunque los datos sobre costos de inversión y operación revelan que Kalpakkam no es un proyecto competitivo, los reactores de cría constituyen el juguete predilecto de la DEA.

El acuerdo nuclear con Estados Unidos no sólo ha servido para legitimar el estatus de la India como poseedora de armas nucleares. También facilitará la expansión de la opción nuclear al levantar las restricciones existentes para la compra de combustible, equipo y tecnología. Lo más desafortunado es que hoy la elite en el poder no está debatiendo los riesgos derivados del crecimiento en el número de reactores, sino las restricciones que el acuerdo impone en materia de pruebas nucleares y desarrollo de misiles.

Entre el carbón y los reactores de cría, los planes oficiales nunca cuestionan la adopción del modelo occidental basado en el alto consumo de energía y la destrucción del medio ambiente. La pregunta de Gandhi volverá a rondar, tanto en las planicies, como en las ciudades indias: ¿Es esto el progreso?

Mal comienzo de Calderón: sin ritos ni mitos, de Marcos Roitmann Rosenmann en La Jornada

Los analistas suelen tomar los primeros 100 días de ejercicio del poder para hacer prospectiva e inferir cuál será el futuro comportamiento de los nuevos gobernantes el resto de su mandato. Se trata de una fórmula para definir el sesgo de ministros y presidente. Sea cual fuere el color que los oriente, siempre hay matices.

Ahora bien, este criterio, tras seis años de gobierno del PAN y de Vicente Fox, pierde sentido. Bastan 100 horas y sabemos el derrotero por el cual transita su política en educación, seguridad, derechos humanos, salud pública y política exterior. En todos ellos se gira más hacia la derecha, cumpliéndose los vaticinios y reavivando los argumentos que señalan a Felipe Calderón como continuista de las políticas de Fox. Por otro lado, el nuevo inquilino de Los Pinos asume con el handicap de ser considerado por un elevado número de conciudadanos como un presidente espurio. Calificativo ganado a pulso, dado su comportamiento durante el periodo poselectoral transcurrido entre el triunfo que le otorga IFE y le ratifica el TEPJF. Como ciudadano se abstuvo de luchar por la democracia, aumentando las suspicacias sobre el fraude y el golpe de Estado electoral. Fraude transformado por arte de birlibirloque semiótico-lingüístico en irregularidades. Su negativa a caminar junto a los peticionarios de un conteo voto por voto lo sitúan en el extremo opuesto y siembran justificadas dudas sobre su victoria en las urnas.

El problema está en su campo y en los articuladores del complot. Son ellos quienes descalifican a Felipe Calderón y se desentienden de los valores ético-democráticos, no sus adversarios políticos. Nadie, salvo su quehacer, pone bajo sospecha su posible triunfo electoral. Señalar que las elecciones fueron amañadas y se proclame a López Obrador como "presidente legítimo" no quita ni pone. Ni López Obrador ni el EZLN son responsables de ese desaguisado, ni de dividir al país, ni del grado de la pérdida de credibilidad institucional o de la corrupción.

Bajo estas premisas, Felipe Calderón inicia su andadura como jefe de Estado literalmente entrando por la puerta trasera. Así, no son sus opositores los que echan leña al fuego y atizan el conflicto social. Son sus actos los que avivan la llama y alejan las perspectivas de una paz en un sistema putrefacto. Cada paso que da incorpora un nuevo leño a la hoguera, hasta provocar un incendio incontrolado, y lo peor es que intenta apagarlo con gasolina.

Calderón gobierna sabiendo que no tiene legitimidad real y se escuda en la razón de Estado. Utiliza las herramientas válidas sólo en situaciones de emergencia, lo cual demuestra que es consciente de la ruptura de la institucionalidad del Estado. Así, se abre un frente que tiene repercusiones de hondo calado. A partir de ahora, el conflicto social y la violencia pueden asumir formas insospechadas y abiertamente prepolíticas. El Presidente ha sido incapaz de frenar la crisis de legitimidad. Y tampoco capaz de subsumirla momentáneamente bajo un liderazgo carismático. Felipe Calderón no posee esa cualidad. Por consiguiente, México puede ver cómo el poder racional, legítimo, queda en manos de una mafia que se mueve al margen de las instituciones. Sin embargo, Felipe Calderón continúa, como su antecesor, en la misma senda, cediendo espacio a esta nueva casta o élite de trastienda, al romper los rituales que sellan los pactos sociales y dan cohesión política al poder. Por ello, al recoger la banda presidencial en Los Pinos y posteriormente desatender los rituales del mito político de toma de posesión, se mueve en el filo de la navaja. Su constitucionalidad es de dudosa legitimidad.

El fracaso en el cumplimiento del traspaso de poderes, uno de los mitos fundantes de la democracia representativa, deja a sus infractores sin fuerza para exigir legitimidad en el cumplimiento de las leyes. Inclusive, su infractor somete al Estado democrático representativo a una tensión irresoluble. No es posible retrotraer el procedimiento a su estado inicial; su incumplimiento se antoja irreversible, salvo un nuevo pacto. Para ser más explícitos, se rompe el factor de cohesión sobre el cual el poder civil se funda y se renueva. Los actos que avalan su unidad, la jura de la bandera, el compromiso de defender el secreto de Estado, la patria, hacer valer la Constitución y las leyes, son un momento fundacional. Es parte de la religión laica. Nunca se corta el cordón umbilical. Debe existir un respeto escrupuloso en la trasferencia, pues ello determina su legitimidad. La historia es rica en actos bastardos. Sus transgresores cometen perjurio y pierden parte o todo el derecho a ser considerados legítimos gobernantes. Se sitúan extramuros. De aquí la importancia de los ritos que acompañan la teología del poder político moderno. Es obligado respetar el conjunto de símbolos sobre los que se apoya el poder para ejercer el dominio y practicar el monopolio legítimo de la violencia institucional en nombre de la razón de Estado. Parafraseando a Locke, su incumplimiento conlleva una situación de guerra al interior del llamado gobierno civil, inherente al mal uso del poder. Por ende, si el acto carece de fundamentos rituales se muestra como cascarón vacío.

En conclusión, el nuevo inquilino de Los Pinos tiene un talón de Aquiles para ejercer el poder legal. Entró por la puerta de atrás y menospreció el llamado de la ética del compromiso como funcionario público. Debió negarse a los requerimientos de asumir de cualquier forma y manera. Demostró que no fue capaz de sobreponerse a los acontecimientos. Sin mitos ni ritos, su legitimidad se reduce a un ejercicio de la fuerza. El clausuró la salida de un nuevo pacto social al aceptar las condiciones impuestas por sus correligionarios y Fox para jurar el cargo. Ya no son los nubarrones de fraude los que se ciernen sobre la cabeza de Felipe Calderón; ahora se enfrenta a una debilidad proveniente de su miopía política, que le impidió ver los fundamentos contemporáneos de la teología política. La guerra justa contra el mal gobierno tiene hoy en México muchos argumentos y todos ellos legítimos.