La Coctelera

Categoría: Gara

Del tiempo de cerezas al frío invierno, de Floren Aoiz en Gara

En marzo de este año tuve el honor de publicar en este mismo periódico un artículo en el que celebraba la noticia del alto el fuego de ETA, un elemento importante dentro de una sucesión de factores positivos que apuntaban un horizonte esperanzador. Pasados nueve meses, y ante la noticia del atentado en Barajas atribuido a ETA, creo que es imprescindible situar cada fenómeno en su contexto. Lo era entonces y lo es ahora.

Vaya por delante que, como decía Bergamín, yo soy un sujeto ­no un objeto­ y, por tanto, cuanto escribo es subjetivo. Es más, aclaro que este artículo es un manifiesto por el éxito futuro del proceso frente a quienes quieren darlo por finiquitado. Mis reflexiones parten de una gran preocupación por lo mal que se han hecho las cosas en el pasado y pasan por una notable inquietud acerca de este presente convulso, pero miran hacia un futuro que no está escrito. Esa es, precisamente, una de sus ventajas: es posible hacer bien lo que se ha hecho fatal. Pero sólo si realmente se quiere hacerlo.

La declaración de ETA de marzo era consecuencia de una serie de movimientos previos en los que el Gobierno español participó. Es imposible entenderla en otros parámetros. La versión oficial, que apuntaba a una decisión unilateral de ETA movida por su supuesta debilidad, ha quedado desmentida de un modo rotundo por los hechos posteriores. Lo ocurrido en Barajas no puede analizarse al margen del contexto, y ­sobre todo­ de las bases sobre las que se asentaba la declaración de marzo, unas bases que el Gobierno español ha derrumbado con su pésima gestión política del proceso.

Un gobierno que dice buscar la paz no tendría que tener miedo a reconocer que ha trabajado para lograrla. La falta de sinceridad del Gobierno español en esta cuestión parecía, en marzo, un mal menor. A lo largo del tiempo transcurrido desde entonces ha aparecido como síntoma de un problema realmente grave: el Gobierno español quería un proceso de liquidación del independentismo vasco, y tan pronto como contó con la baza propagandística del alto el fuego de ETA echó el freno y fue perfilando una estrategia basada en la persistencia e incluso el agravamiento de la represión y una tan cansina como funesta insistencia en que no estaba dispuesto a pagar ningún «precio político».

Podría apuntar numerosos argumentos contra esa posición, pero dejaré que lo haga “El País”. Algunas de las más penetrantes descalificaciones de esta estrategia se han publicado en ese diario. El pasado día 10 de diciembre varios «expertos» que el periódico no identificaba apuntaban que «el proceso amenaza con derrumbarse debido a la falta de determinación del Gobierno de José Luis Rodríguez Zapatero y a la incapacidad del entorno de ETA de comprender que en una democracia como la española el Ejecutivo no tiene poder absoluto». No merece la pena perder tiempo desmontando la segunda parte del enunciado; nos quedaremos con la primera, que era reforzada con esta idea: «el motivo por el cual el proceso está en crisis es la percepción de ETA y su entorno de que no se les está permitiendo, ni se les permitirá, perseguir sus objetivos por la vía democrática», o con esta otra: «Uno de los entrevistados cuya experiencia negociadora ha estado más vinculada al lado gubernamental de los conflictos afirma que es ‘ridícula’ la idea de que se podía llevar a cabo un proceso de paz serio (...) sin que el componente político de ETA pudiese participar de manera legal en la política. ‘Sencillamente, no se puede’, afirma».

Podríamos añadir a estas reflexiones otros datos, como el de la sentencia inquisitorial contra Iñaki De Juana, ahora mismo al borde la muerte, pero quien mejor ha resumido la actuación de Gobierno español ha sido el propio Rodríguez Zapatero, que se ha jactado de no haber dado un solo paso. El PSOE ha llegado incluso a elaborar un vídeo para acusar al PP de haber realizado movimientos el año 1998.

Y, sin embargo, todavía la víspera del atentado Rodríguez Zapatero hacía un balance positivo del año 2006 y adelantaba que el 2007 sería mejor. De nuevo una ración de optimismo como mecanismo de manipulación de la sociedad y estrategia para eludir responsabilidades. La contraposición entre las palabras huecas de Rodríguez Zapatero y el atentado de unos pocas horas después ha descubierto esta maniobra propagandística. Hace escasos días Rubalcaba convocó con urgencia una rueda de prensa para no desmentir ni confirmar una supuesta reunión con ETA y lamentar una filtración unánimemente atribuida a su propio Gobierno. Sabían que el diálogo entre partidos políticos se había bloqueado y sin duda tenían datos sobre sus relaciones con ETA que los demás desconocemos. ¿A qué ha estado jugando el Gobierno de Rodríguez Zapatero, un gobierno que, es mejor no olvidarlo, llegó a La Moncloa por el hundimiento de un PP que mentía descaradamente?

La inmensa mayoría de la sociedad vasca desea un auténtico proceso democrático que permita la superación del conflicto. Ese proceso es necesario y por eso debe hacerse posible. Ya sabemos cómo no deben hacerse las cosas. También sabemos que la apuesta de la izquierda abertzale no es coyuntural ni superficial, sino un decidido compromiso con el proceso. El Gobierno español y las fuerzas políticas que están a su lado podrían ahora agarrarse al atentado para justificar un inmovilismo que ya era constatable antes de este acontecimiento. Podrían dar por roto un proceso que ellos mismos ya habían hecho inviable. Pero también podrían cambiar de actitud y hacer viable el tiempo de cerezas que tanto anhelamos.

Un proceso más necesario que nunca, del Editorial en Gara

Un proceso más necesario que nunca

Las situaciones duras y complicadas, y ésta sin duda lo es, requieren, si cabe, un mayor esfuerzo de todas las partes para no frustrar un proceso que hoy es más necesario que nunca. Más allá de las trágicas consecuencias que el atentado perpetrado a primera hora de ayer en el aparcamiento de la terminal número cuatro del aeropuerto internacional de Barajas, en Madrid, pueda tener, urge hoy trabajar con denuedo y altura de miras para recuperar estados y situaciones de responsabilidad y confianza, sin caer en tentaciones partidistas o electoralistas demasiado obvias o en un fácil y estéril juego de acusaciones mutuas por lo hecho y no hecho desde que arrancó el actual proceso abierto en Euskal Herria, especialmente desde que ETA declarara, hace nueve meses, un alto el fuego permanente. Por acción u omisión, según los casos, el proceso político se encuentra hoy estancado. Y urge reflotarlo, sentar bases sólidas (como tantas veces se ha reclamado desde este espacio editorial), demostrar voluntad real de avanzar en un proceso democrático de resolución del conflicto y ganar la confianza imprescindible entre todas las partes para garantizar que los acuerdos, los compromisos renovados, van a poder ser desarrollados y cumplidos por todos.

La situación crítica del proceso hace que hoy sea más necesario que nunca dar los pasos que en estos nueve meses no se han dado, de forma que el mismo pueda responder a las causas reales que mantienen en el tiempo el conflicto; lo que equivaldría, en definitiva, a responder de forma positiva a la voluntad manifestada por una gran mayoría de la sociedad vasca. Obviar las dificultades no ayuda en absoluto; la forma de dar la vuelta a esta grave crisis no es dejar que la oportunidad se pudra, sino afrontar el momento, más allá de poses declarativas o meramente voluntaristas.

Toca apelar a la responsabilidad de todos los agentes para que trabajen con decisión y valentía con el fin de eludir el riesgo de que el conflicto quede enfangado en un círculo vicioso que no llevaría sino a una escalada del mismo. Es preciso sumar voluntades y compromisos en ese sentido, evitar repetir errores y enterrar los viejos bloqueos estructurales. La mayoría social y política de Euskal Herria ha expresado clara y repetidamente la exigencia de que el proceso democrático se ponga en marcha para superar el conflicto político, por encima de los altibajos que surjan en el camino.

Nubes y claros del año que termina, de Jesús Valencia en Gara

Otro intento por salir de la ciénaga en la que nos encontramos enfangados. Nueva mesa de conversaciones para resolver un conflicto de soberanías que no termina de encauzarse. Y, en torno a ella, los habituales fantasmas de otros intentos que también amenazan éste.

La prepotencia del PSOE, que quiere todo a precio de saldo y no admite más acuerdo que el sometimiento; hoy impone nuevas exigencias eludiendo sus compromisos de ayer; humilla, alardeando de lo mucho que exige y de lo poco que da; responsable directo de lo que le suceda a Iñaki; buscador de pretextos con los que ocultar su falta de voluntad. Estoy seguro de que muchas personas del Estado celebrarían una solución negociada; su voz sería muy útil en estos momentos delicados. Ronda el fantasma del colaboracionismo local, cómplice necesario del imperio; culpador de propios y exculpador de ajenos, si los considera rentables; allanador de caminos para que regrese a Bergara el caballo de Espartero. Cunde también el fantasma del desencanto entre quienes apostaron fuerte, urgidos por la esperanza; reacción comprensible y nociva de quienes constatan que intentan reducirlos, retorciéndoles con saña la mano que tendieron.

Acaba este año con su herencia de fantasmas viejos y también de alentadoras novedades. La sociedad fue espectadora en los días de Argel. Presente, y casi convidada de piedra, en Lizarra. Convocada al protagonismo en Anoeta. La invitación no ha caído en saco roto. Se está reactivando una ciudadanía plural y participativa. El 18/98 y + despliega sus muchas iniciativas solidarias. El Foro de Debate se consolida. El frente internacional, más abierto que nunca. La denuncia contra la tortura reivindica su espacio como colectivo ineludible. La defensa de la tierra reclama un tren social frente al monstruo del TAV. Se desempolva la memoria republicana. El clamor por la autodeterminación toma cuerpo como clave resolutiva y va apareciendo en agendas donde antes no constaba. La izquierda reafirma su apuesta electoral. La movilización a favor de los presos invade calles y plazas... La sociedad civil ha cogido la palabra y la tarea. En esta ocasión pretende ser motor y garante del proceso. Mujeres, jóvenes, sindicatos, sacerdotes, intelectuales, juristas, docentes... unen su voz en la exigencia de una restauración democrática y de un acuerdo dialogado.

El PP boicotea. PSOE y PNV intentan ahogar el clamor popular y mantener sedadas a sus bases. Empeño inútil. Se vislumbra un tiempo nuevo repleto de iniciativas estimulantes y plurales.

Jesús Valencia - Educador Social.

Cuentas de bajo perfil social y democrático, del Editorial en Gara

Cuentas de bajo perfil social y democrático

En las últimas semanas del año, las administraciones que gobiernan sobre la ciudadanía vasca han aprobado sus cuentas para el nuevo ejercicio. Desde su sede de Pau, el Departamento de Pirineos Atlánticos daba luz verde a un presupuesto que, al no tener en cuenta la realidad específica de Zuberoa, Lapurdi y Nafarroa Beherea, tampoco da prioridad a las necesidades de esos territorios y de sus habitantes. Prueba de que el no reconocimiento institucional de esta parte del país condiciona cualquier esquema de desarrollo, tan sólo unos días después de que se aprobaran las cuentas en Pau el Estado hacía saber que otorgará sólo dos millones de euros a la Oficina Pública del Euskara para proyectos de desarrollo de la lengua vasca, lo que, además de no compensar las rebajas presupuestarias precedentes, pone en entredicho la viabilidad de una política lingüística que no contempla la oficialidad del euskara.

Aprobadas con las referidas carencias las cuentas de Pau, era Nafarroa Garaia la que tomaba el relevo en el debate y refrendo del presupuesto elaborado por UPN y CDN. Para muestra de su perfil social vale un botón: las cuentas navarras contemplan una partida de 300.000 euros para ayudar a la Confederación de Empresarios de Nafarroa a sufragar la construcción de su nueva sede social. Los sindicatos ELA y LAB y todos los partidos, excepto los que encabezan Sanz y Alli, han criticado la falta de recursos presupuestarios para abordar necesidades tan acuciantes para el herrialde como un plan que ponga fin al monocultivo industrial que sitúa a miles de trabajadores bajo la persistente amenaza de la deslocalización.

Finalmente, ayer el tripartito y el PSE sacaron adelante las cuentas de la CAV, en un acuerdo que el partido de Patxi López «vendía» en clave social y de aportación a la normalización política. Sin embargo, esa afirmación es más que cuestionable a la vista de unas cuentas que no han encontrado respaldo ni en el ámbito sindical ni en los organismos que trabajan contra la exclusión. Cabe recordar que hasta el Consejo Económico y Social ha mostrado su preocupación por la disminución de la aportación de las administraciones vascas al gasto social. A ese déficit social que destilan los distintos presupuestos hay que sumar el déficit democrático que se deriva de proyectos como el TAV o la 2x2, por citar sólo dos infraestructuras que se financian con dinero público pero sin debate social.

Balance, de Martin Garitano en Gara

Se acaba el año. Se escurren los últimos días como el agua entre los dedos y es hora ya de hacer balance de lo vivido, en lo personal y en lo colectivo, a lo largo de estos doce meses que terminarán con las insufribles doce campanadas del próximo domingo.

Es bueno hacer balance, repasar las notas, mirar también a la hemeroteca para recordar, para no olvidar lo sucedido y evitar que el año próximo vuelva a sucedernos todo lo que de negativo haya tenido el capítulo que cerramos.

No hablemos de lo personal, que sólo a cada cual afecta, sino de lo colectivo. De las ilusiones encendidas en los primeros meses del año y de los sucesivos altibajos de emoción padecidos. Analicemos sus causas y aprendamos de los errores.

La intensa emoción que produjo en la gran mayoría el anuncio del alto el fuego de ETA anunciaba pasos firmes y, sobre todo, rápidos en un proceso que nos condujera a la verdadera libertad, la de poder optar, la de elegir nuestro futuro y garantizar nuestra pervivencia como colectivo humano, social, cultural y político.

Han pasado nueve meses y la realidad nos ha vuelto a demostrar que no es la ilusión lo que dinamiza los cambios, sino la convicción y la acción. La ilusión como viene se va y la mera esperanza es vestido poco abrigado para el intenso frío que provoca la realidad. Es la decisión, la actividad, el empuje, lo que mueve a la sociedad.

Por eso hay que hacer balance positivo de lo vivido en este año. Porque a pesar de la actitud diletante de un gobierno ­el español­ temeroso de cumplir lo prometido, a pesar de la incomprensible actitud de los sectores poderosos en el jelkidismo, de la saña con que se han empeñado en castigar a los presos políticos vascos, a pesar del encastillamiento de los dirigentes navarros en la sinrazón, a pesar de todo ello, la determinación de buena parte de la sociedad vasca no se ha desgastado.

Se han desvanecido, sí, buena parte de las ilusiones que albergamos aquel 22 de marzo. Pero sólo se han esfumado las vanas, no las sólidas, las bien ancladas. Se ha perdido, tal vez, el alborozo, pero no la sonrisa. Quisiéramos que todo fuera más rápido, más sencillo, más leve, pero quiso el Gobierno español que el proceso fuera «largo, duro y difícil». Sólo nos queda responder, con hechos, que el pueblo vas- co también está dispuesto a afrontar esa prueba con la sólida convicción, además, de ganarla.

Al margen de la ley y del proceso, del Editorial en Gara

Al margen de la ley y del proceso

El fiscal jefe de la Audiencia Nacional española, Javier Zaragoza, afirmó ayer que en materia de justicia «se sigue haciendo lo que se hacía antes, si cabe con mayor eficacia» porque de lo que se trata es de «aplicar la ley, al margen de cualquier proceso de paz». Al pronunciar esas palabras, bien puede decirse que el fiscal Zaragoza se alinea a la perfección con el Gobierno de José Luis Rodríguez Zapatero que, una y otra vez, se vanagloria de no haberse movido un ápice en relación a los presos vascos.

Iñaki de Juana cumple hoy 52 días en la segunda huelga de hambre que lleva a cabo desde el mes de agosto, circunstancia que hace más inapropiada si cabe la afirmación de todo un fiscal jefe sobre lo acertado de una sentencia fabricada ad hoc para mantener en la cárcel a una persona que ya ha cumplido con la condena que le fuera impuesta. ¿Por qué, si tan acertada es la condena a doce años de cárcel por escribir dos artículos de opinión en este diario, no se encuentra jurisprudencia similar en ningún estado de la UE?

Aplicar la ley con todo rigor. Esa es la máxima de las instancias dependientes del Gobierno español, que llevan esa consigna hasta el extremo de desvincular aplicación de la ley y realidad, con lo que, en la práctica, tal como han expresado recientemente doscientos juristas en un manifiesto en favor del proceso abierto en Euskal Herria, desde la judicatura se actúa sin tener en cuenta «el derecho a la paz de la comunidad social».

Iñaki de Juana está atado a la cama y es alimentado por la fuerza. Su cuerpo puede decir basta en cualquier momento. ¿Hasta qué punto está dispuesto a servirse el PSOE de esa imagen para respaldar su mensaje de firmeza ante un PP que, con o sin ese argumento inhumano, va a perdurar en su labor obstruccionista hacia el proceso político?

El tribunal al que pertenece Javier Zaragoza no sólo es ajeno a toda propuesta de solución del conflicto, sino que la combate a cada paso, aunque ello le obligue a pisotear su propia ley. 145 ciudadanos vascos deberían estar en libertad, no ya por el proceso, sino porque han cumplido las tres cuartas partes o incluso la condena íntegra, o porque están gravemente enfermos. Siguen en prisión, porque no se les aplica la ley. Un proceso para superar el conflicto difícilmente prosperará si no cuenta con cambiar esa realidad. La repatriación y la amnistía son parte de la «hoja de ruta».

Las lecturas de un mensaje, de Maite Soroa en Gara

Algunos españoles (y españolas) se lo pasan pipa el día de Olentzeros sentados delante de la tele y escuchando el discurso anual de su rey. Y de entre tanto espectador hay algunos que incluso se entretienen intentando analizar lo que quiere transmitir el que le escribe los discursos.

Ayer la prensa de la derecha no ocultaba su alborozo por lo que entendían respaldo borbónico a las tesis de Rajoy y compañía. Y los más próximos a ZP se llamaban andana.

El editorialista de “El Mundo” aseguraba que «resulta elocuente que las repetidas apelaciones al ‘consenso’ del discurso de ayer no estuvieran encaminadas a buscar la adhesión de todos al proceso de paz, sino a recuperar el espíritu de la Transición que tantos logros ha procurado para España. Resulta imposible no reconocer que este lenguaje tiene más resonancias con el habitual discurso del PP que con las últimas intervenciones del PSOE».

También el de “La Razón” daba saltitos de alegría:«La Constitución es, en palabras de Don Juan Carlos, la clave que permitió superar el pasado y un elemento indispensable para abordar el futuro, puesto que de su vigencia depende una correcta y proporcionada respuesta a la violencia terrorista, a los chantajes e incluso ante una hipotética negociación con ETA que desborde el sentido común, la lógica territorial y la estabilidad institucional». Muy bueno lo de la «lógica territorial»...

Y el escriba de “Diario de navarra” sentenciaba que «no se trata de que los partidos renuncien a sus diferentes visiones. Lo que la ciudadanía exige, y ha recordado el Rey, es que se trata de que antepongan el interés general a los suyos particulares y de comprender que la única manera de vencer al terrorismo es desde la unidad y respeto a la Ley. Un punto del mensaje navideño, que ayer se encargaron de resaltar representantes de las víctimas del terrorismo, preocupados por la tentación de tomar atajos que pudiera existir en el Ejecutivo».

Y mientras tanto, “El País”, como Don Tancredo:«Hay un tema novedoso en el elenco de preocupaciones del Rey: el medio ambiente. Es de esperar que esa preocupación sea atendida por quienes lo agreden con un desarrollo urbanístico desordenado y con incendios intencionados o imprudentes para que, como señala el Rey, el progreso de los españoles no quede hipotecado en el futuro». Del oso de Rumanía no habló, ¿verdad?

msoroa@gara.net

Somalia: guerra y desgracia sin tregua, del Editorial en Gara

Somalia: guerra y desgracia sin tregua

El ataque militar de Etiopía a Somalia es presentado por la primera como una operación que no se alargará demasiado en el tiempo, a la vez que despliega un discurso triunfalista y como si el conflicto estuviera a punto de finalizar. Es cierto que los milicianos de la Unión de Tribunales Islámicos se han replegado, pero los factores que confluyen en ese conflicto invitan cuando menos a dudar de un final cercano.

Los dos países africanos han mantenido enfrentamientos armados, incluso de guerra abierta, anteriormente. Pero no sólo entre ellos. Ese extremo, junto al factor religioso ­dado que Etiopía es un país de mayoría cristiana­, tan sensible y a menudo devastador, pone en evidencia el peligro real de extender la situación de guerra a todo el Cuerno de Africa. Por otro lado, no se puede obviar que Etiopía cuenta con el apoyo de Estados Unidos, país al que le costaba digerir que Somalia cayera en manos musulmanas. De ahí sus acusaciones contra el país africano de dar refugio a los autores de los atentados contra las embajadas de Kenia y Tanzania. Y no se puede obviar, por último, la importancia geoestratégica de la zona. Hay quien se pregunta si la intervención militar de Etiopía en Somalia no se debe a un movimiento de peones de Estados Unidos, con una táctica diferente a la que hace trece años les llevó a salir precipitadamente de aquél país.

En cuanto a las reacciones, cabe resaltar la de la Liga Arabe con su llamamiento al ato el fuego, la de la Organización de Conferencias Islámicas exigiendo la retirada de las tropas etíopes y la de la Unión Africana legitimando el ataque de Etiopía, reacciones que dan muestra de la división de posiciones al respecto según las confesiones de unos y otros. Sin embargo, llama la atención la falta de reacciones inmediatas por parte de la comunidad internacional, cuando habitualmente, en función del atacante, no se hacen esperar sus condenas, exigencias de respeto a la soberanía, etc.

Una nueva guerra acaba de estallar en una de las zonas más deprimidas del planeta. Somalia se encuentra en guerra civil desde hace quince años; la pobreza, las hambrunas, son de compañía habitual de sus habitantes; recientemente padeció unas inundaciones con resultados trágicos. Ahora afronta otra guerra que, al margen del disfraz que le asignen y con los precedentes cercanos de Afganistán e Irak, tiene un comienzo conocido, pero la proximidad de su final es más que dudosa.