A punto de cerrar el ejercicio, pocos datos son necesarios para apuntalar la idea de que éste ha sido un año histórico en el parqué. Sin embargo, en los últimos meses una novedosa tendencia, que ha ido in crescendo, da buena cuenta de la enorme liquidez con la que se han encontrado las principales fortunas empresariales de España. Se trata de la compra si stemática de participaciones del 5% en compañías cotizadas.
Durante 2006 se realizaron al menos una veintena de operaciones de este tipo en 26 compañías cotizadas, la mayoría de ellas del Mercado Continuo. En total, los grandes patrimonios han desembolsado en este ejercicio alredor de 5.000 millones de euros en este tipo de operaciones. Es decir, entre las las 18 de algunas de las mayores fortunas familiares de España se han comprado, en paquetes del 5%, el equivalente a la capitalización bursátil de Gamesa.
Diversas motivaciones
No hay una única explicación para esta oleada de compras, pero gran parte se entiende por el criterio de optimización por el que los grandes inversores se han regido a la hora de encontrar destino para su liquidez, en muchos casos procedente de las plusvalías conseguidas por diferentes operaciones de compra-venta a principios de año.
A la hora de planificar la reinversión o gestión de esta liquidez, los grandes patrimonios han tenido que tener en cuenta una variable que no entraba en sus esquemas financieros de 2005. Se trata de la reforma tributaria cuya entrada en vigor, el próximo 1 de enero, puede afectar de diversas formas el estilo de inversión que los patrimonios familiares desarrollaban hasta ahora. La nueva ley pone en solfa una práctica muy extendida en la estructuración jurídica de las empresas familiares, como era camuflar en un tercer o cuarto nivel de la compañía a las sicav (sociedades de inversión).
Hacienda exigirá ahora que todos los activos afectos a la empresa familiar se puedan considerar aptos para calificarlos como actividad empresarial. Las sicav no entran en esta categoría y por lo tanto quedarán excluídas de ventajosas medidas fiscales, como la exención en el Impuesto de patrimonio o la bonificación del 95% en caso de donación o sucesión.
Sin embargo, las participaciones industriales que alcancen un mínimo del 5% sí son aptas para gozar de estas ventajas. Desde algunas firmas gestoras de grandes patrimonios aseguran que esta es una de las razones por las que muchas fortunas se han inclinado por esta opción a la hora de canalizar sus inversiones.
Otra novedad fiscal que también ha acelerado el proceso tanto de compra como de venta de estas participaciones es que las plusvalías realizadas en 2006 se podrán reinvertir en un plazo de tres años con las ventajas fiscales actuales. Es decir, que una vez aplicada la deducción por reinversión (en la actualidad un 20%) sólo triburarán por un 15%, frente al 18 % por el que lo harán las que se realicen el próximo año. Por ejemplo, Enrique Bañuelos podrá reinvertir durante los próximos tres ejercicios la venta de sus participaciones en Astroc con las ventajas fiscales de la ley en vigor.
Hasta ahora, gracias a estas deducciones por reinversión los compradores se permitían ofrecer precios con jugosas primas sobre el valor de mercado. En las ofertas que se realizaban preveían ya la reducción por reinversión, es decir, un 20%.
Aunque sería necesario un minucioso examen fiscal en cada caso (ya que Hacienda exige varios requisitos para gozar de esta deducción) se explican así las elevadas cifras que algunos compradores han fijado en las opa parciales o en las compras de grandes participaciones. A partir del próximo ejercicio, esta bonificación disminuye y muchos propietarios han preferido hacer caja este año.
El filón de las OPV
Otro denominador común de las compras de 5% que se han llevado a cabo han sido los valores elegidos. Las diez nuevas compañías que han saltado al parqué han sido uno de los destinos favoritos de los inversores. Astroc, GAM, Parquesol y Riofisa han sido objeto de estas operaciones. La ausencia de un accionariado previo de referencia y las buenas perspectivas con las que los valores saltaron al parqué facilitaron esta entrada.
El refuerzo de anteriores posiciones, con nuevas participaciones del 5% puede disfrutar de los mismos beneficios fiscales. Los movimientos en la papelera Ence o en Acerinox pueden guardar relación con esta práctica. Los Albertos, en Ence; la familia March, en Acerinox; Jaime Botín, en Bankinter o en Corporación Alba; y Alicia Koplowitz, en Inmocaral son otros ejemplos de ello.
Más allá de la cuestión fiscal, no se puede obviar el interés estratégico de estas adquisiciones. Para que el 5% sea apto, la inversión debe tener un carácter de permanencia de un mínimo de tres años. Por este motivo los empresarios han buscado valores que ofrezcan buenas perspectivas a largo plazo. Es el caso de Acerinox, que en ese periodo de tiempo tiene muchas probabilidades de verse envuelta en el proceso de consolidación sectorial de las compañías acereras.
También la diversificación sectorial o el interés por tener un puesto en el consejo de una empresa de referencia, como un banco, han servido de acicate para las compras.
