ALGO QUE DECLARAR
Los restos del año
La ejecución de Sadam Husein es un atentado contra el único valor universal por el que deberíamos seguir actuando, la defensa de la dignidad humana. Hay que reconocerlo: el mundo no marcha bien. Basta comprobar el desastre de los conflictos fallidos, la política de confrontación con el mundo islámico o la exclusión de millones de personas para saber que caminamos por avenidas inciertas en un mundo menos seguro. Ahora que acaba el año, podemos extraer algunas conclusiones, entre ellas, que conviene apartar la deformación entre Oriente y Occidente, simplemente porque tiende a deshumanizar al otro, a convertirlo en el mal y a crear temores donde deberíamos crear esperanzas. Lo más desalentador del año que termina es que esta división del mundo, al margen de las innumerables víctimas que genera, ha impedido frenar otras amenazas. La proliferación nuclear ha avanzado, el cambio climático se confirma, el abandono de África se agrava y el auge del fanatismo nacionalista y religioso expande la división del mundo en civilizaciones enfrentadas. Y, sin embargo, no todo es negativo. Si somos capaces de proponer soluciones que lo hagan más aceptable, el mundo que viene no tiene por qué ser terrible.
Una agenda nueva
El futuro, ¿cómo alcanzarlo? En primer lugar la búsqueda de nuevas ideas que nos saquen del enfrentamiento actual. Un mundo enfrentado tiende a relegar matices y dibujarlo todo en blanco y negro. Se interesa por la confrontación, pero olvida, en cambio, que existen áreas donde trabajar decididamente para reducir el sufrimiento inútil y dar cierta estabilidad a un mundo en crisis, que excluye a la mayor parte de su población.
Es probable que debamos abandonar también algunos tópicos. No hace falta destruir el mercado ni cerrarse a la globalización. Lo que hay que hacer es poner estas armas del siglo XXI al servicio de las prioridades sociales. Porque es precisamente en el espacio global donde se está consolidando una sociedad civil cada vez más fuerte, capaz de defender los valores universales que sus gobiernos, con frecuencia, olvidan. Hemos vivido innumerables ejemplos de iniciativas y organizaciones que proliferan a uno y otro lado, abriendo nuevos espacios de libertad. Anna Politkovskaya --libre incluso en lugares donde la libertad ni siquiera es promesa de futuro-- ha cambiado el estado de opinión sobre Chechenia, de la misma manera que el documental de Al Gore, y el trabajo de tantos activistas, han forjado una mayoría que pensamos que efectivamente el mundo se calienta y que es irresponsable no actuar ya.
Guerra contra el terror
La guerra contra el terror ha dominado la escena internacional, pero hoy ¿hay alguien que siga creyendo en ella? El debate global ha sido capaz de ridiculizar no solo las ideas que la sustentaron sino también a los líderes que la iniciaron. A diferencia de los atentados contra la dignidad humana, como el de ayer en el aeropuerto de Madrid, la acción de esta sociedad crítica quizá no se perciba, en el día a día, de manera tan espectacular. Pero en el inventario del año que acaba, sin duda ha generado un estado de opinión que reclama cambios profundos. Estaría bien empezar a construir la agenda del año que empieza con los fragmentos de reflexión que quedan en días como hoy.
