La Coctelera

Categoría: El Periódico

Los restos del año, de Rafael Vilasanjuán en El Periódico

ALGO QUE DECLARAR

Los restos del año

La ejecución de Sadam Husein es un atentado contra el único valor universal por el que deberíamos seguir actuando, la defensa de la dignidad humana. Hay que reconocerlo: el mundo no marcha bien. Basta comprobar el desastre de los conflictos fallidos, la política de confrontación con el mundo islámico o la exclusión de millones de personas para saber que caminamos por avenidas inciertas en un mundo menos seguro. Ahora que acaba el año, podemos extraer algunas conclusiones, entre ellas, que conviene apartar la deformación entre Oriente y Occidente, simplemente porque tiende a deshumanizar al otro, a convertirlo en el mal y a crear temores donde deberíamos crear esperanzas. Lo más desalentador del año que termina es que esta división del mundo, al margen de las innumerables víctimas que genera, ha impedido frenar otras amenazas. La proliferación nuclear ha avanzado, el cambio climático se confirma, el abandono de África se agrava y el auge del fanatismo nacionalista y religioso expande la división del mundo en civilizaciones enfrentadas. Y, sin embargo, no todo es negativo. Si somos capaces de proponer soluciones que lo hagan más aceptable, el mundo que viene no tiene por qué ser terrible.

Una agenda nueva

El futuro, ¿cómo alcanzarlo? En primer lugar la búsqueda de nuevas ideas que nos saquen del enfrentamiento actual. Un mundo enfrentado tiende a relegar matices y dibujarlo todo en blanco y negro. Se interesa por la confrontación, pero olvida, en cambio, que existen áreas donde trabajar decididamente para reducir el sufrimiento inútil y dar cierta estabilidad a un mundo en crisis, que excluye a la mayor parte de su población.

Es probable que debamos abandonar también algunos tópicos. No hace falta destruir el mercado ni cerrarse a la globalización. Lo que hay que hacer es poner estas armas del siglo XXI al servicio de las prioridades sociales. Porque es precisamente en el espacio global donde se está consolidando una sociedad civil cada vez más fuerte, capaz de defender los valores universales que sus gobiernos, con frecuencia, olvidan. Hemos vivido innumerables ejemplos de iniciativas y organizaciones que proliferan a uno y otro lado, abriendo nuevos espacios de libertad. Anna Politkovskaya --libre incluso en lugares donde la libertad ni siquiera es promesa de futuro-- ha cambiado el estado de opinión sobre Chechenia, de la misma manera que el documental de Al Gore, y el trabajo de tantos activistas, han forjado una mayoría que pensamos que efectivamente el mundo se calienta y que es irresponsable no actuar ya.

Guerra contra el terror

La guerra contra el terror ha dominado la escena internacional, pero hoy ¿hay alguien que siga creyendo en ella? El debate global ha sido capaz de ridiculizar no solo las ideas que la sustentaron sino también a los líderes que la iniciaron. A diferencia de los atentados contra la dignidad humana, como el de ayer en el aeropuerto de Madrid, la acción de esta sociedad crítica quizá no se perciba, en el día a día, de manera tan espectacular. Pero en el inventario del año que acaba, sin duda ha generado un estado de opinión que reclama cambios profundos. Estaría bien empezar a construir la agenda del año que empieza con los fragmentos de reflexión que quedan en días como hoy.

Sobre el paso de los años, de Juan-José López Burniol en El Periódico

MEMORIA Y VIDA

Winston Churchill publicó, en 1937, Great contemporanies, colección de 22 semblanzas que abarcan desde Lord Rosebery al rey Jorge V, pasando por Alfonso XIII. Las mejores son las ocho destinadas a políticos británicos, en especial las de Balfour, Asquith y Curzon, algunos de cuyos párrafos quedan, sin quererlo, grabados en la memoria. Así sucede con el perfil de George Nathaniel Curzon, aristócrata imperialista que apuntó de joven las más altas ambiciones políticas, alcanzó muy pronto la gloria del virreinato en la India y fue postergado más tarde por Stanley Baldwin --un político más moderno-- cuando parecía predestinado a ocupar el número 10 de Downing Street. De él escribió Churchill: "La mañana había sido dorada, el mediodía fue bronce; y la tarde, de plomo. Pero todo era sólido, cada etapa era pulida hasta que brillaba a su manera".

Este párrafo coincide con una reflexión que me he hecho muchas veces: toda vida --modesta o encumbrada-- puede dividirse en tres etapas. En la primera, de adolescencia y juventud --el tiempo en que todo es posible--, aún las más extremosas aspiraciones son teóricamente realizables, por la fuerza que se tiene y el tiempo de que se dispone. La segunda etapa, de madurez, es la época de la cristalización, en la que los objetivos --ya reducidos-- se alcanzan o se frustran para siempre. Es una etapa dura, porque la vida es injusta y corona a veces, en aras de la suerte, a quien no se lo ha ganado, dejando en la cuneta de la pequeña o gran historia a muchos que merecieron el éxito. Y la tercera y última etapa, la de vejez, se define como la hora del reflujo, en la que, menguantes ya las fuerzas y desvaída la ilusión, el reposo sustituye a la acción y la reflexión al proyecto, mientras se aguarda el inexorable fin.

Pero, por encima de esas vicisitudes, lo que importa es --utilizando la retórica de Churchill-- pulir cada etapa para que brille a su manera. Porque, a fin de cuentas, todas las épocas pueden tener su brillo. Solo se requiere tener la cabeza clara, rigor y esfuerzo. En tres palabras, no dejarse llevar.

Juan-José López Burniol. Notario.

El euro ha sido el gordo para España, de José García Abad en El Periódico

LA MAYOR OPERACIÓN FINANCIERA DE LA UE

La moneda única, todo un Rubicón para la Unión Europea, fue precedida de las manifestaciones más solemnes y entusiastas. Sin embargo, cuando se fueron sustituyendo nuestras viejas y honradas pesetas por unos extraños billetes denominados en euros surgieron las mayores reticencias entre los ciudadanos españoles y entre los vecinos que tuvieron que abandonar sus francos, sus liras o sus marcos sufriendo la escalada frenética del maldito redondeo.

Ahora, pasados cinco años de aquella histórica noche de San Silvestre, debemos reconocer que la entrada de España en la Unión Monetaria y Económica y, por tanto, en el euro ha sido el mejor negocio que podía hacer este país como lo fuera cuando el 1 de enero de 1986 accedió como socio de pleno derecho en lo que entonces era la Comunidad Económica Europea. Podemos decir, en propiedad, que nos tocó el gordo.

Superado el redondeo inicial y con una inflación en descenso la economía española marcha a todo gas: el Producto Interior Bruto (PIB) se ha elevado durante el año que concluye en un 3,8% y el vicepresidente del Gobierno y ministro de Economía, Pedro Solbes, ha tenido que elevar en dos décimas el crecimiento previsto para 2007 situándolo en el 3,4%.

El Gobierno espera que el crecimiento se mantenga por encima del 3% en los tres próximos años. Es difícil imaginar qué habría pasado si nos hubiéramos quedado fuera de la eurozona. El coste de la exclusión se habría hecho insoportable en lo que se refiere a nuestros tradicionales desequilibrios, especialmente en cuanto a la financiación de nuestro alto déficit exterior que, por cierto, se agravará en casi un punto el año próximo. Sin embargo, España puede endeudarse año tras año sin demasiadas preocupaciones y sin tener que recurrir a devaluaciones sucesivas de la peseta como ocurría en otros tiempos.

TODA Europa nos avala con una moneda sumamente apreciada en el mundo. Gracias al euro se acabaron las tormentas monetarias que generaban inestabilidad e incertidumbres y las inversiones extranjeras en España mantienen un alto nivel. Gracias a la moneda única gozamos de tipos de interés bajos. Teniendo en cuenta nuestro nivel de inflación puede decirse que el dinero es aquí gratis, aunque naturalmente, hay que devolverlo. Esta situación que ha permitido el acceso a al vivienda de muchos españoles tiene más ventajas que inconvenientes, aunque estos no faltan: nuestro país necesitaría enfriar ordenadamente su ritmo de crecimiento y ahora no cuenta con la herramienta de la política monetaria.

Los tipos de interés los fija el Banco Central Europeo, y el Gobierno solo puede aplicar la política fiscal incrementando el superávit presupuestario. Es el inconveniente que encuentran otros socios del euroclub, pero en sentido contrario, pues, a diferencia del ritmo de crecimiento español que se ha mantenido firme durante los últimos 13 años, necesitarían estímulos para reanimarse tras un estancamiento que ya dura demasiado. Estos países que sufren inflaciones menores que la española reclaman tipos más bajos, o al menos quedarse como están, y que el gobernador del Banco Central Europeo, monsieur Trichet, ceda en su escalada, cuartillo a cuartillo, de los tipos de interés.

Por otro lado, la fuerte revaluación del euro respecto del dólar ha dificultado las exportaciones, frenando la competitividad de los socios más industrializados, como es el caso de Alemania, locomotora tradicional de Europa. España ha podido salvarse de la anemia industrial del continente gracias a que el fuerte crecimiento de su producto se origina en factores endógenos como la construcción, los servicios y el consumo interno, todo ello espoleado con una inmigración que cabalga casi sin freno durante el último quinquenio.

La moneda única que llevan en sus bolsillos 304 millones de europeos de 12 países --y a partir del próximo 1 de enero, 13, con la incorporación de Eslovenia-- ha impulsado nuestra primera industria, la turística, y ha hecho más confortable la salida de españoles al extranjero. Finalmente, el euro ha lanzado nuestras exportaciones intracomunitarias en una proporción superior a la de cualquier otro país de la zona. Naturalmente, una cosa es la macroeconomía y otra la percepción ciudadana. Es un hecho que todavía no pensamos en euros y seguimos traduciendo nuestros ingresos y nuestros gastos a pesetas. Como última muestra de resistencia psicológica, guardamos todavía en nuestros cajones en pesetas el equivalente a 1.829 millones de euros, pasados casi cinco años de aquel 28 de febrero del 2002 en que la peseta dejara de circular, según el Banco de España.

ES MÁS fácil tomar medidas trascendentes que transformar las mentalidades y los hábitos. El doble etiquetado de los productos en el punto de venta y las obligaciones vigentes de facturar en ambas denominaciones van adaptándonos a un proceso que llevará su tiempo, pues no hay nada más cotidiano y natural que la moneda, la medida de todas las cosas.

Nuestro país ha sacado buen provecho consiguiendo una convergencia real con Europa en los indicadores más significativos, situándose en la media en lo que se refiere a renta por persona y al empleo: un 8,3% en el 2006, que bajará según las previsiones gubernamentales por debajo del 8% en el próximo año.

José García Abad. Periodista.

El infierno sin el déspota, de Mateo Madridejos en El Periódico

LOS EFECTOS DEL AHORCAMIENTO DE SADAM HUSEIN

La ejecución de Sadam Husein en la horca, convicto de crímenes contra la humanidad, clausura el capítulo más turbulento y tenebroso de la historia de Irak desde el golpe de Estado militar y el regicidio de 1958, pero es muy poco probable que contribuya a mejorar la situación de un país caótico que se desangra en una guerra civil de carácter étnico bajo la ocupación de una potencia extranjera. Podría ocurrir incluso que la insurgencia de los sunís conozca un nuevo impulso, mientras el país se hunde en el abismo fratricida, a juzgar por esa extraña mezcla de los gritos de júbilo con los de tristeza y venganza que resuenan en todos los rincones.

Resulta prematuro especular con el juicio final que la historia reservará para el tiranicidio legalizado, pero no cabe duda de que la ejecución de la sentencia será rechazada no solo por los abolicionistas de la pena capital, que en Europa constituyen una inmensa mayoría, o los que deploran el retroceso de la justicia internacional, sino igualmente por los que denuncian las numerosas irregularidades del proceso o los que reputan inmoral la utilización de una persona, incluso aunque sea un malvado, como un peón o instrumento de una determinada estrategia utilitaria y globalizadora, por muy execrables que sean los crímenes o muy loables que parezcan los objetivos. Pero, como asevera Le Monde, "muy pocos derramarán una lágrima por Sadam".

La pena capital contra el carnicero de Tikrit, por más que se tenga la convicción de que no resuelve ningún problema, debe enmarcarse en un orbe árabe-musulmán donde resulta moneda corriente, no solo contra la disidencia política, sino contra todo tipo de delincuentes. En ese estadio de la evolución histórica, Sadam es, a lo sumo, el símbolo de los líderes que, a pesar de las inmensas riquezas, recorrieron un camino tortuoso e infame de represión para acabar frustrando la modernización de la sociedad y la humanización de la política.

IRAK es un país devastado, lleno de cementerios y poblado de viudas, huérfanos y lisiados, en guerra inacabable desde 1980, cuando Sadam invadió Irán. La responsabilidad del tirano es indiscutible, pero su terrible legado no mitigará las previsibles y funestas consecuencias inmediatas de su ahorcamiento. Y las perspectivas parecen sombrías. Los chiís mayoritarios piensan que todas las calamidades son el resultado de la política irresponsable y genocida de Sadam desde 1979, pero sus partidarios, aunque sean minoría, vituperan el procedimiento de un tribunal que consideran sectario, emanación de un Gobierno ilegítimo apoyado por una potencia extranjera.

Capturado hace poco más de tres años, los detalles poco gloriosos de su detención no enfriaron los ánimos de muchos de sus partidarios, hasta el punto de que su humillación televisada solo sirvió para recrudecer la escalada de la violencia. Prisionero de los norteamericanos, autoproclamado "mártir" de la perfidia de sus enemigos, su desaparición no cambia ninguno de los datos fundamentales de la tragedia iraquí y no permite, por tanto, ninguna conjetura esperanzadora. Constituye un acontecimiento dichoso para los chiís y los kurdos --aunque estos quizá hubieran preferido verlo condenado también por genocidio--, y una desgracia añadida para la minoría suní.

Vista desde Estados Unidos, a la luz del deterioro constante de la situación sobre el terreno, la ejecución del déspota ya no suscita los sentimientos de alivio y esperanza que promovió su captura hace un año.
El desenlace ya estaba integrado en los análisis tanto de la Administración republicana como del informe Baker-Hamilton o de los sectores demócratas que preconizan la retirada. Las encuestas revelan que los norteamericanos están persuadidos de que los beneficios del derrocamiento del tirano y ahora de su muerte no compensan en ningún caso el desastre sobrevenido, los miles de muertos y la incongruencia estratégica en una región en crisis permanente. Para Bush, la ejecución tiene también el sabor de la venganza contra el hombre que pretendió matar a su padre en 1993, mediante un atentado preparado después de la primera guerra del Golfo. Fiel a su enfermiza megalomanía, Sadam hizo colocar un mosaico con la cabeza de Bush padre en la recepción del hotel Rashid de Bagdad, en el lugar preciso para que fuera pisoteada por todos los huéspedes. El mosaico fue destruido por los primeros marines que entraron en la capital iraquí en abril de 2003 y derribaron la estatua del dictador.

EL DESQUITE no ayudará a Bush a resolver el dilema en que se halla desde que los electores desautorizaron su empresa en las legislativas del 7 de noviembre. Casi con toda seguridad, la ejecución de Sadam será una nueva ocasión perdida para modificar las líneas maestras de una ocupación militar que convirtió la victoria de 2003 en una pesadilla que debilita la posición mundial de la superpotencia. Tampoco es seguro que vaya a insuflar una nueva energía al tambaleante Gobierno de Bagdad, desgarrado entre las milicias antagónicas, los escuadrones de la muerte, los terroristas suicidas y las exigencias norteamericanas. La situación es infernal y sus actores desbordan el campo de los partidarios del ajusticiado.

Mateo Madridejos. Periodista e historiador.

Algunas historias endemoniadas, de Félix de Azúa en El Periódico

LA RUEDA

El proceso que llevó a las naciones europeas a colonizar el mundo entero, a descolonizarlo luego y a dominarlo nuevamente mediante una colonización que ya no exige su presencia física en tierras colonizadas es uno de los más enredados y duros de enjuiciar de toda la historia.

Durante 300 años el mundo se dividió en parcelas que sirvieron a modo de fincas para la aristocracia metropolitana. Las dos Américas, África, Asia y el Pacífico pasaron a ser propiedad de unos caballeros que vivían a miles de kilómetros. Del mismo modo que esos caballeros explotaban a sus servidores nacionales, también explotaban a los coloniales. La distancia, sin embargo, hizo que la explotación colonial pareciera más perversa que la nacional, de modo que las rebeliones anticoloniales fueron recibidas con alborozo, en tanto que las revoluciones proletarias tuvieron peor prensa y éxito menor.

En la actualidad la explotación capitalista no ha disminuido ni un ápice, las colonias africanas, por ejemplo, siguen siendo tiranizadas por rufianes corruptos y las compañías del primer mundo siguen dominando el mercado del tercero mediante la corrupción. El consuelo de los anticoloniales es que el canalla que ahora asesina y arruina a los nativos es uno de los suyos.

El gran John H. Elliot acaba de publicar una historia monumental de dos de estos imperios coloniales, el anglosajón y el español, la América del Norte y la del Sur, bajo el título de Imperios del Mundo Atlántico (Taurus). La comparación es utilísima. Uno de los imperios dependía de la Corona, todos los indígenas eran súbditos del rey y obedecían a la misma religión. El otro era un imperio comercial y por lo tanto mucho más liberal y heterogéneo. El resultado es que la población indígena pudo sobrevivir y mezclarse en uno de los imperios (el malo, según la visión ro- mántica), pero fue arrasada o convertida en una curiosidad zoológica en el otro (el liberal).

Es difícil decidir quién lo hizo peor, pero Elliot destruye el tópico de la superioridad moral nórdica frente al inhumano verdugo sureño.

El juez de la horca, de José Antonio Martín Pallín en El Periódico

LA POSGUERRA IRAQUÍ

La vida y los tiempos del mítico juez Roy Bean transcurrieron en las lindes del río Pecos donde, según algunos, terminaba la civilización. El impacto que tuvo este personaje en la historia y desarrollo de la justicia en Estados Unidos debió de ser muy intenso. El cine lo ha considerado uno de los personajes más emblemáticos del género western.

En 1940, el maestro William Wyler se acercó a su leyenda de juez expeditivo que solucionaba los conflictos con la soga. Su figura mereció una nueva versión cinematográfica en 1972 con el título original de The life and times of judge Roy Bean. La manía española de cambiar el nombre de las películas la convirtió en un título premonitorio: El juez de la horca. El ejemplar ciudadano, que en la versión de Wyler, titulada El Forastero, encarnaba Gary Cooper, consigue liberarse del fatal e inevitable veredicto, lo que le convierte en el paladín de los granjeros que soportaban la quema de sus cosechas por los prepotentes ganaderos de Tejas.

AÑOS MÁS TARDE, la humanidad se ha visto afectada por un ataque de arrogancia del gobernador de Tejas, hoy presidente Bush y comandante en jefe de una guerra de invasión que declaró prematuramente acabada. De forma bienintencionada, los estados trataron de establecer reglas para encauzar la mayor negación del derecho que es la guerra. Seamos realistas y admitamos con resignación que hubo, hay y habrá conflictos armados entre naciones. Seguramente es mejor intentar introducir cuñas de racionalidad en la irracionalidad de todo conflicto bélico.

Los juicios de Núremberg constituyen un antes y un después en el derecho de la guerra. Ya el 29 de julio de 1899 (La Haya) se regularon por convenio las "leyes y costumbres de la guerra terrestre". Con modestia y realismo, los estados contratantes admiten que solo tratan de disminuir los males de la guerra. Los prisioneros deberían ser tratados con humanidad. Fieles a los ideales del pasado, se declara que las rendiciones convenidas entre las partes contratantes deberán ceñirse a las reglas del honor militar, que se suponen superiores a las de los ciudadanos no beligerantes.

Según la más generalizada opinión de los expertos en tradiciones, el respeto a las reglas del honor militar exigiría que, en caso de condena a muerte, esta se ejecutase por un pelotón de fusilamiento que representaría la encarnación del fuego cruzado anteriormente entre vencedores y vencidos.

En Núremberg no solo se condenó el horror del nazismo. Los vencedores quisieron marcar a los responsables alemanes como hombres indignos del honor de ser pasados por las armas ante un pelotón marcialmente formado y presto a cumplir al unísono la orden de fuego. El mariscal Goering, que no tuvo inconveniente en participar en el diseño de la llamada solución final del caso judío, no pudo soportar tanta ignominia, y se resistió a ser colgado de la soga fatídica. Prefirió ingerir una cápsula de cianuro. Es posible que en el momento de tomar su decisión pensase más en sí mismo que en las víctimas que había originado su demencial política.

Después de los años vuelve el forastero adonde solía. Al frente de una Administración, al margen y por encima de la sociedad de naciones, invade Irak y después de un desastre anunciado consigue detener al jefe del Estado enemigo. Sucede que la sociedad de la imagen juega malas pasadas a estos impetuosos y desenfadados gobernantes y muestra descarnadamente la escasa heroicidad de estas hazañas bélicas. La imagen patética de Sadam Husein saliendo de un agujero recuerda a otras similares de combatientes japoneses que, pasados más de 30 años del final de la guerra, sur- gían como fantasmas con el rostro cubierto de vello, todavía con el miedo en los ojos. Ese personaje, dictador de un Estado invadido y derrotado, es tratado como un animal. Capturado y sometido a la visión atónita de personas normales que no podíamos dar crédito a ese reconocimiento zoológico que practicaron, sin pudor, médicos que seguramente buscaban la cápsula de cianuro que le podía haber sobrado a Goering.

RESPECTO DEL juicio y sus ceremonias, ya se ha dicho bastante. Al parecer, no ha sido un modelo de garantías. Sin embargo, no se discute que, en su mandato, se cometieron actos que merecen el calificativo de crímenes contra la humanidad.

Que nadie se engañe. Esta ejecución no se acuerda para restaurar la justicia en Irak: es una exigencia de la potencia ocupante, que sabe, a estas alturas, que Husein no es el problema. Es un acto para consumo interno de la política estadounidense y una posible baza para futuras contiendas electorales. El mensaje es inequívoco: la guerra tenía su justificación, derrocar a un tirano y colgarlo como un vulgar cuatrero del oeste americano.

Seguramente no veremos la ejecución (gracias por el detalle), pero no podemos acallar el grito que surge ante tanta hipocresía. Si los dirigentes de EEUU creen que la horca va a dar más seguridad a sus conciudadanos, que sean consecuentes. Trasladen la siniestra trampilla a las orillas del Pecos e inviten a sus habitantes a la ceremonia. Seguro que hay algún juez, como Roy Bean, dispuesto a legalizar tan ejemplar acto de justicia.

José Antonio Martín Pallín. Magistrado emérito del Tribunal Supremo.

Regalar un milagro, de Joan Barril en El Periódico

LOS DÍAS VENCIDOS

Regalar un milagro

Tiempo de regalar. ¿Qué le regalo, yo, que tanto quiero a esa persona? Regalar implica dar mucho de las esperanzas del regalado y algo de lo que adorna al regalador. Un regalo, de pronto, no es un objeto. Un regalo es la embajada de muchos sujetos. El regalo se da en un momento, pero ha de vivir muchos años. En los últimos momentos de la vida aparecerá el regalo de hoy y alguien dirá el nombre y las virtudes de quien nos lo dio. En estas entradas y salidas de las tiendas hay una pregunta lacerante: ¿qué sabemos de quien va a ser el receptor de lo que compremos?

Y de pronto caemos en la cuenta de que aquella persona, cercana o lejana, a la que tanto decimos querer es una persona perfectamente desconocida. No sabemos lo que en realidad desea. Ni siquiera sabemos lo que le va a hacer feliz dentro de unos años. Le daremos un paquete con un lazo y la cortesía le provocará una sonrisa y, depende de su extroversión, tal vez un abrazo tangente que se desvanecerá al cabo de unos días. Regalar es admitir que todos somos como trasatlánticos que se cruzan en la noche.

Pero entonces, ¿qué? No vamos a entender el regalo como el acta notarial de una amistad de cuyos límites sabemos muy poco. Ante esa evidencia diremos: "Le regalaremos algo que no sea demasiado comprometido". Y así van deshilachándose lo que parecían nudos indestructibles. Incapaces de una ofrenda vinculante o de algo que haya significado una apuesta por su futuro o el nuestro, deambulamos por las calles hasta que por fin caemos en la cuenta de lo que realmente nos puede salvar.

¿Apuestan algo? Naturalmente. La tecnología está ahí para permitirnos poner precio a nuestros deseos y para satisfacer las espectativas del desconocido sin darle oportunidad a que dude de nuestro afecto. ¿Qué es la tecnología de consumo? Pues no es ni más ni menos que un pequeño milagro. Regalar un milagro no cuesta nada más que dinero. Nada nuestro está en esos aparatos mag- níficos. Únicamente valor de cambio y mucha potencialidad de uso. Nin- gún amigo se pierde, ninguna novia se siente despechada cuando tiene en sus manos algo que se enchufa y que hace maravillas. Las cosas hechas a mano, en tanto que humanas, siempre nos llevan al error.

No hagan un símbolo

En el plazo de un mes van a ejecutar a Sadam Husein. No van a advertirle. No hay fecha establecida. Llamarán a su celda y le dirán que ha llegado la hora. Y al cabo de un rato saldrá George W. Bush con la fotografía del tirano bamboleando al final de la cuerda de su horca. Es una paradoja, pero es al mismo tiempo un deber, clamar por la vida de Sadam. El abolicionismo se ennoblece precisamente cuando el reo ha sido autor de demasiadas muertes. Sadam no es más culpable de matar que tantos otros gobernantes ungidos por la voluntad popular. Y Occidente no puede convertirse en cómplice de esa práctica irreversible. Con Sadam en la cárcel tenemos un ejemplo. Con Sadam ejecutado creamos un símbolo. Los ejemplos se olvidan. Los símbolos son eternos.

Eclecticismo

Hoy será el día de las bromas. El mejor engaño no es el engaño absurdo, sino el que más cerca está de lo posible. Hoy será el día de lo que podría ser absolutamente cierto.

Menos tolerancia cero, de Pepa Bueno en El Periódico

LA RUEDA

La ministra de Fomento advirtió ayer a las compañías aéreas que en materia de la seguridad tendrá "tolerancia cero". Razonable, piensa una, teniendo en cuenta que es un sistema de transporte en el que te lo juegas a todo o nada cada vez que cruzas la línea de embarque. Eso sí, si encuentro en internet un vuelo a Verivistán a 15 euros, lo compro inmediatamente, aunque no sepa dónde está ni me interese nada averiguarlo.

¿Y qué hay de las drogas? Tolerancia cero, por supuesto. Eso sí, si sacamos del cesto el vermut del mediodía, el vinito en la comida, la copa posterior con los amigos y el brindis con cava, que es Navidad.

Y si fumas... tolerancia cero con el humo, faltaría más. Eso sí: ¿es comprensible que te prohíban un cigarrito cuando estás de guateque con los amigos? ¡Qué razón tiene Esperanza Aguirre! La ministra de Sanidad está empeñada en amargarnos la vida. Pero en Madrid los bares tienen ya, de nuevo, un saludable nivel de humo, imposible de eliminar de las chaquetas ni de los pulmones aunque los lleves dos veces a la tintorería. El humo es malo, pero, oiga, sin pasarse.

En la carretera, con las infracciones de tráfico, tolerancia cero. ¡Que nos jugamos la vida! Pero, claro, eso no tiene nada que ver con esos días en los que vas con prisa a buscar al niño al colegio, ni siquiera te ha dado tiempo a comer y encima un abuelo cruza a paso de tortuga el paso de peatones...

Hace años que proclamamos con gran solemnidad que, en violencia machista, en discriminación de la mujer, tolerancia cero. Pero, ¡qué pesadas se ponen las chicas con este tema! Que si ganan la mitad, que si la segunda jornada laboral, que si Miguel le dio una bofetada a su novia... ¡Pero si ya les aprobamos una ley integral!

¿Por los impuestos? ¿A mí me preguntas por los impuestos? Tolerancia cero con el fraude, los impuestos son la garantía del equilibrio social, llevo toda mi vida cumpliendo con Hacienda. Pero no confundamos... el 16% del IVA me destroza el presupuesto de la reforma --total, nada, cuatro ladrillos-- que estoy haciendo en casa.

Propósito para el año nuevo: un poco de intolerancia, por favor.