Es sumamente importante que, en ausencia de violencia y sin tutela de ninguna fuerza armada, abordemos los vascos democráticamente, ante Europa, la solución del secular conflicto. Sin condiciones ni exclusiones previas, ni de ideas, ni de aspiraciones.
Apenas proclamada la II República española tal día como el 14 de abril, hace 75 años, los hijos inquietos de familias nacionalistas lanzaron públicamente sus cantos patrióticos en euskera y castellano, como «nuestra Patria Euzkadi será libre/pese a quien pese, pese a quien pese...» En el primer Aberri Eguna, Domingo de Resurección del siguiente año, 1932, José Antonio Aguirre prometió solemnemente luchar por la independencia de Euzkadi. Lo que en 1936 entonarían los gudaris "Euzkadi askatzeko", para liberar Euzkadi. Lo que es siempre el lema nacionalista "Gora Euzkadi askatuta". Esa libertad equivale a independencia, de la que desde su origen no ha renunciado el nacionalismo vasco. ETA, siglas de "Euskadi ta Askatasuna", no inventó sus dos objetivos políticos, independencia y territorialidad, como expuse en un artículo anterior, tampoco la izquierda abertzale.
Sin embargo, aparte de diferenciarse en los métodos, violencias y extorsión, que el nacionalismo democrático rechazó siempre, tampoco lo han hecho en la comprensión de la independencia y territorialidad. ETA ha repetido en sus casi 50 años su cantinela, con las vaguedades y abstracciones de sus analistas. Sin un proyecto claro. Así, como de golpe. Como de golpe militar o de conquista a la fuerza, o de voluntarismo juvenil, como si estuviéramos en el siglo X. El nacionalismo democrático lleva más 115 años tratando de recuperar las tablas y mástiles de un naufragio secular, de concienciar y convencer a timoratos e instalados. Aprendiendo a calcular los oleajes y aprovechar la txanpas. Construyendo la nación vasca en el día a día y en todos los campos. Sin ceder. No es poco lo conseguido; para algunos, demasiado. El nacionalismo está presente en todos los territorios. Pero basta asomarse a Nafarroa, desde el fraude en la Asamblea de Pamplona (1932) y tras 40 años de loca exaltación franquista. ¿Y en Iparralde? Pregunten a los exiliados desde 1936 o 1937.
Mientras se mantuvo el Muro de Berlín, con sus objetivos políticos, ETA y la izquierda aber-tzale incluían en su independentzia su imaginario sozialista marxista-leninista. También el catecismo comunista más dogmático de HASI, el partido político de la coalición electoral Herri Batasuna. Un socialismo imaginario cuya práctica sólo a la fuerza aguantarían más de la mitad de sus votantes. Caído el Muro y expuestas las vergüenzas de aquel socialismo que ahora se cubre con el velo de socialismo "real", preguntado en una entrevista televisada un líder de la izquierda abertzale por su socialismo actual, respondió: «La defensa de los derechos humanos». Así yo también soy socialista.
La fecha del Aberri Eguna de ayer se señalaba como fecha de algún acontecimiento político. El alto del fuego de ETA llegó casi un mes antes. Esta semana previa a la fiesta, ETA analiza en su revista interna "Zutabe" los pormenores del paso dado, "no sobre vacío". Fui lector asiduo de los analistas-escribidores de ETA. Una ardua tarea. No soy un buen escritor, simplemente no coincidían nuestras respectivas lógicas y disciplinas de pensamiento e ideas, sentido del vocabulario y sintaxis redaccional. Esta discordancia se acrecienta en los extractos y entrecomillados que de sus documentos transmiten los medios.
La iniciativa etarra «está en clave de proceso». ¿Que no es su iniciativa? No «una paz sin contenidos». Paz no es aquí cese definitivo de las armas. Es la solución del conflicto vasco más de un siglo anterior a ETA. «Esta paz será consecuencia del reconocimiento de los derechos de Euskal Herria», de dar «el paso del actual estatus político impuesto al basado en la autodeterminación y ‘territorialidad’». ¿Qué es, por tanto, esa iniciativa en clave de proceso? En páginas y páginas, «el trayecto a realizar hasta esa nueva situación que necesitará la negociación y el acuerdo»; «que los dos Estados, España y Francia, reconozcan los derechos de este país»; «la acumulación de fuerzas en favor de Euskal Herria»; «dar pasos decisivos en la construcción nacional»...
«Éste parece ser el objetivo del proceso que deben conseguir los agentes, especialmente los favorables a Euskal Herria (los siete territorios), mediante compromisos firmes y decisiones valientes. Y finalmente habrá que preguntar a los ciudadanos vascos por el futuro de Euskal Herria».
Sin entrar en las dos «condiciones democráticas»: Amnistía para los presos políticos de ETA y expulsión de las FF.AA. opresoras de Euskal Herria, así como el cese de los cuerpos especiales de la Ertzaintza, sin entrar en eso, hay tarea suficiente para aquellos que quieren la solución del conflicto y aspiran a esa Euskal Herria, el Zapiak Bat o la Euzkadi, euskotarren aberria de Sabino.
«ETA tiene la voluntad de estabilizar la situación abierta y llevar el proceso al puerto de la libertad». ¿Significa esto que ETA va a tutelar el proceso sin dejar definitivamente las armas, pudiendo romper la tregua si las cosas no se desarrollan a su gusto? ¿Qué es lo pactado hasta ahora entre Batasuna y el PSE y comunicado a la Moncloa? ¿Aspira el PSE y Patxi López a algo más que a llegar a la Lehendakaritza con el apoyo de Batasuna, la ilegalizada con el visto bueno de los socialistas? Apenas salido de la cárcel, Otegi manifestó su decepción y la pérdida de «buena parte de la confianza» que Batasuna había puesto en el PSE-PSOE. ¿Qué confianza ofrece un socialismo y un Zapatero que se «cepilló» (Guerra) un Estatuto vasco aprobado por mayoría absoluta en su Parlamento, que hizo irreconocible el Estatut del 90 por ciento del Parlamento catalán?
Es sumamente importante que, en ausencia de violencia y sin tutela de ninguna fuerza armada, abordemos los vascos democráticamente, ante Europa, la solución del secular conflicto. Sin condiciones ni exclusiones previas, ni de ideas, ni de aspiraciones, ni de agentes democráticos. Sin olvidar el pasado y menos el presente, sin trampas ni juegos sucios. Sin pretender el mismo ritmo y uniformidad en todos los territorios. En el mejor de los casos, el de Euskadi, veo difícil un consenso, con cesiones por todas las partes, que sea muy diferente a lo alcanzado por el Estatuto vasco aprobado por el Parlamento vasco. Ojalá se consiga más, mucho más: la Paz.